Newsletter Subscribe
Enter your email address below and subscribe to our newsletter

Por Alina Bárbara López Hernández ()
Matanzas.- El gobierno cubano no tiene que rendirse ante el gobierno de los Estados Unidos ni ante ningún otro gobierno; el gobierno cubano debe claudicar ante la historia y atender a las necesidades de cambio que el país pide a gritos. ¿No decían que se debía «pensar como país»? Pues bien, prediquen con el ejemplo.
Este tipo de modelo, basado en la exclusión política y en la centralización de la economía y la sociedad, no es nunca derrotado; ellos implosionan. Así ocurrió en Europa hace más de tres décadas y no aprovecharon la lección. En ese punto estamos hoy.
A los que apuestan por el modelo asiático: sin libertad pero con relativa prosperidad, les ruego que sean responsables. Aquellas reformas demoraron alrededor de quince años para evidenciar resultados, y sus economías tenían relativos niveles de autarquía que la dirigencia cubana, con negligencia criminal, desmontó durante décadas al tomar decisiones fatales a mediano y largo plazos.
Aquí la gente no puede esperar quince años, no puede esperar casi ni unas pocas semanas. Académicos y politólogos: bajen la mirada y vean el drama que vive la mayoría de los cubanos.
Las reformas económicas deben ser un resultado de las transformaciones políticas. Nunca han tenido éxito precisamente porque jamás se permitió a la ciudadanía influir en la dirección y ritmo de las mismas; porque nunca pudimos separar a los funcionarios que cometían errores garrafales y evidenciaban actitudes corruptas, nepotismo y clientelismo; porque el dinero de las inversiones fue manejado sin control por una casta tecnócrata-militar al margen de las necesidades del país.
En Cuba la gente muere de hambre, enfermedades y desesperanza. En los últimos seis años han fallecido más personas que las nacidas. La economía decrece sostenidamente sin que ningún plan del gobierno haya logrado revertirlo.
Y eso empezó mucho antes de que Donald Trump asumiera la presidencia. Ahora su política de cerco petrolero daña aún más a un país que él no puso de rodillas, ya lo encontró así: «débil desangrado e impotente». Quien nos colocó de rodillas ante una política exterior prepotente fue el gobierno cubano.
Sin embargo, lejos de actuar con atención a la extrema gravedad de la situación; en lugar de mostrar gestos que indiquen una mínima responsabilidad ante la debacle; prefiere continuar violando nuestros derechos, reprimiendo, amenazando, llenando las cárceles de presos políticos.
Por eso nosotros, ciudadanos responsables, cubanos que amamos a esta Isla desde cualquier lugar del mundo, debemos continuar levantando la voz, denunciando, explicando lo que ocurre.
Necesitamos toda la ayuda posible, y la necesitamos ya; pero una ayuda que no oculte la verdad. Esto no es solo un diferendo entre Estados; el diferendo principal es interno: entre un Estado policial y una ciudadanía indefensa, porque ni los pocos derechos consignados en la Constitución de 2019 son respetados.
Por escribir en una pared «¿Hasta cuándo? Nos están matando». Condenaron hace pocos días a Aniel Martín Barroso, doctor en ciencias y profesor universitario espirituano, a diez años de prisión. Llevaba siete meses detenido. Su pregunta es previa a que Trump arreciara su cerco, va dirigida al gobierno cubano.
Por eso mañana, como cada día 18, estaré en el Parque de la Libertad de Matanzas desde las 10 am, haciendo uso de mi derecho a la manifestación no violenta y a la protesta cívica.
Desde esa plaza cívica, cerca del monumento de Martí y la Libertad rompiendo las cadenas, apoyaré la campaña ¡Amnistía Ya! como paso previo a cualquier otro para una transformación que es hoy impostergable en Cuba.
Libertad para todos nuestros compatriotas presos por motivos políticos. Libertad para cada ciudadano cubano. Libertad para Cuba.