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Por Jorge L. León (Historiador e investigador)
Houston.- Ah, Carlos Fernández de Cossío, el gran maestro del “déjame insinuarlo sin decirlo”, ha vuelto a lucirse. Con la sutileza de un murciélago a plena luz del día, dejó caer que Cuba estaría dispuesto a pagar indemnizaciones a propietarios norteamericanos. Sí, lo dijo… pero no del todo, entre brumas diplomáticas que permiten que nadie sepa si habló, si pensó, o si simplemente se burló de todos nosotros.
Objetivo real: ganar tiempo. La media jugada, porque jugar completo requiere agallas… y agallas aquí son un lujo. Pero, sorpresa, sorpresa… la Casa Blanca respondió con un seco “no”. Y si Trump hubiera estado presente, habría arqueado la ceja y agregado su clásico: “y si vuelven a insistir… ¡voy por ustedes!”, mientras la sala contenía la respiración. Eso es la diferencia entre la diplomacia cubana y la realidad que no se anda con juegos de espejos.
El paripe comunista continuó, como siempre, entre tragos, gritos y un antiimperialismo al revés que desconcierta incluso a los propios actores. Mariela Castro, en un arranque de despropósito absoluto, gritó “¡abajo el antiimperialismo!”, y la sala quedó boquiabierta.
¿Qué lógica había? Ninguna. Pero eso nunca detuvo a los trasnochados del régimen.
El telón de fondo es claro: lo saben, pero admitirlo sería reconocer que están jugando un juego perdido. Noveno inning, dos outs, Cuba abajo por diez carreras. Fernández de Cossío, nuestro héroe gris, lanza el guante y casi se une a Mariela en un frenético “¡viva el imperialismo!”, como quien intenta rescatar un naufragio con un salvavidas agujereado.
Un espectáculo digno de aplausos… si alguien todavía aplaudiera los intentos torpes de un régimen que se cree astuto. Sus piedras caen al vacío, sus medias jugadas no alcanzan ni a rozar la pelota de la realidad, y Trump, desde la tribuna invisible, niega con la cabeza y piensa: “esto es ridículo… pero qué divertido”.
En fin, Fernández de Cossío tiró la piedra, escondió la mano, y casi, casi, termina invitando al mundo a reírse de un teatro que él mismo no logra dirigir.