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Por Yeison Derulo

La Habana.- Gabriel Boric dijo lo que en Cuba está prohibido decir: que Cuba es una dictadura y que Fidel Castro fue un dictador. No gritó, no exageró, no improvisó. Lo dijo con la naturalidad de quien llama a las cosas por su nombre. Bastó eso para que las ciberclarias entraran en combustión espontánea, ofendidas, histéricas y rabiosas, defendiendo a un régimen que no les permite ni opinar libremente desde el mismo país que dicen amar.

Resulta curioso —aunque ya nada sorprende— que quienes viven repitiendo la palabra “soberanía” se sientan tan heridos por una opinión emitida desde La Moneda. Boric no habló como enemigo, habló como lo que es: un presidente de izquierda que conoce bien los límites entre un proyecto político y una dictadura. Y eso, precisamente eso, es lo que más les duele en La Habana.

La dictadura cubana intentó acercarse a Boric cuando ganó las elecciones. Lo quisieron vender como “uno de los nuestros”, como parte del club de la izquierda dócil que calla ante los abusos. Pero Boric no les salió bien. No les compró el relato, no les aplaudió los presos políticos, no se hizo el ciego ante la represión. Les falló el cálculo, como les falla casi todo.

Que un presidente de izquierda reconozca públicamente que Fidel Castro fue un dictador desmonta décadas de propaganda, consignas huecas y romanticismo revolucionario. No lo dice un “facho”, no lo dice Miami, no lo dice la derecha continental. Lo dice alguien que milita en ideas progresistas y que, aun así, entiende que no hay causa social que justifique la ausencia de libertad.

Por eso felicito a Gabriel Boric. Porque no es fácil decir la verdad cuando esa verdad incomoda a los tuyos. Porque tuvo la decencia política y moral de marcar distancia con una de las dictaduras más longevas y crueles de América Latina. Y porque, mientras las ciberclarias patalean en redes sociales, él dejó claro algo elemental: la izquierda no está obligada a ser cómplice del autoritarismo. Cuba es una dictadura. Fidel Castro fue un dictador. Lo demás es ruido.

Una última cosita: soy de derecha, pero esta hay que dársela al presidente chileno.

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