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Basura, epidemias y cinismo: la otra postal de Miramar

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Por Fernando Martín

La Habana.- Miramar, el barrio “top” de La Habana, ese que el régimen exhibe como postal cuando quiere convencer a algún diplomático ingenuo de que en Cuba se vive bien, hoy huele a basura, a desidia y a epidemia. En la esquina de 7ma y 32, a plena luz del día, hay un basurero que parece sacado de un barrio marginal olvidado por Dios, no de una zona donde se concentran embajadas y residencias diplomáticas. La contradicción es obscena: lujo en los discursos, podredumbre en la realidad.

A solo unos metros está la embajada de Canadá; un poco más allá, en la calle 34, la del Reino Unido y otras sedes diplomáticas. Es decir, esto no ocurre en un solar perdido de Centro Habana ni en un reparto sin nombre de la periferia. Ocurre en el corazón de Miramar, donde el Estado debería, al menos por vergüenza, mantener una mínima higiene. Pero no. Ni por imagen internacional, ni por respeto a los vecinos, ni por sentido común.

Los residentes de la zona viven prácticamente sitiados. Casas cerradas, ventanas selladas, miedo constante a las epidemias que el propio Estado dice tener bajo control. Hay niños recién nacidos en los alrededores, familias enteras expuestas a focos de infección, ratas, mosquitos y todo lo que trae consigo un vertedero improvisado. Después, cuando aparezcan los brotes, saldrá algún funcionario a hablar de “responsabilidad ciudadana” y de “indisciplinas sociales”. El cinismo de siempre.

Lo más grave no es la basura en sí, sino lo que simboliza. Un país incapaz de garantizar lo más elemental, incluso en sus zonas privilegiadas. Si esto es Miramar, ¿qué queda para San Miguel del Padrón, La Güinera o Los Sitios? La descomposición no discrimina barrios; solo desnuda un sistema agotado, incompetente y absolutamente indiferente a la vida de su gente.

Mientras los diplomáticos circulan en autos climatizados y los jerarcas del poder hablan de resiliencia y creatividad, los vecinos de 7ma y 32 respiran mierda, literal y políticamente. Este basurero no es un accidente: es una metáfora perfecta de la Cuba actual. Un país en descomposición, maquillado para el extranjero, pero podrido por dentro. Y lo peor es que ya ni siquiera se esfuerzan en esconderlo.

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