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Cuba en Barcelona: El «atrezo» del Consulado y el teatro del absurdo

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Ni en sus peores crisis de insomnio el patriarca pudo imaginar que el cuarto se le quedaría tan vacío como ayer en Barcelona. Lo que vendieron como una «marea de solidaridad» frente al Consulado de Cuba no fue más que una puesta en escena de bajo presupuesto. Ver a cuatro gatos intentando articular consignas revolucionarias en un catalán impecable es, cuanto menos, un ejercicio de surrealismo político.

Dime de qué alardeas y te diré de qué careces: dicen que la comunidad cubana en el exterior estaba allí, pero cualquiera que conozca la idiosincrasia de la isla sabe que el cubano que emigra no va a un consulado a pedir más de lo mismo; va a buscar la libertad que le robaron.

Ese «color festivo» del que hablan los medios oficiales es cinismo sexenal en estado puro. Mientras en La Habana el cubano de a pie se inventa el almuerzo con lo que no hay, en la Ciudad Condal se montan una rumbantela ideológica. ¡Que vergüenza! ¿De verdad pretenden que nos creamos que trescientas personas —muchos de ellos «cuadros» con la guayabera planchada o catalanes que no saben situar a Camagüey en un mapa— representan el sentir de un pueblo que se cae a pedazos?


Crisis energética en Cuba: ¿Bloqueo o canibalismo industrial?

El análisis de inteligencia es simple: el régimen está en un callejón sin salida y necesita exportar su narrativa de víctima. La orden ejecutiva de enero de 2026 sobre el petróleo es el nuevo «comodín» para justificar que la infraestructura del país está en coma profundo. Pero no nos engañemos con cuentos de camino; la asfixia energética no es un invento de Trump, es el resultado de décadas de abandono y de priorizar la construcción de hoteles vacíos sobre la red eléctrica nacional.

  • El hándicap del poder: La casta verde oliva ya no tiene con qué comprar lealtades internas, así que recurre a estos shows de «solidaridad» en el extranjero para proyectar una fuerza que en la isla se ha evaporado.
  • El cinismo del idioma: Ver a supuestos «cubanos patrióticos» gritando en catalán por el socialismo es el escache del año. Es el colmo del postureo transnacional; un cubano libre lo que quiere es luz, comida y derechos, no un manifiesto redactado en un despacho de la Generalitat.

La soberanía fallida y el eco de las protestas

¿Dónde está la soberanía de la que tanto ladran? Chivo que rompe tambor con su pellejo paga, y el régimen ha roto todos los tambores del derecho internacional. El incidente naval del 25 de febrero no es más que el síntoma de un sistema que, al verse acorralado por su propia ineptitud, necesita fabricar mártires y enemigos externos para que el pueblo no mire hacia los palacetes de Punto Cero.

Pregunto yo, con el escepticismo de quien ha visto pasar a diez presidentes americanos y la isla sigue igualita de estancada: ¿Qué soberanía defienden esos manifestantes en Barcelona si el gobierno de Cuba no puede ni garantizar un vaso de leche a sus niños? El que no tiene de congo, tiene de carabalí, y aquí la realidad es que el «bloqueo» más grande es el que le impone la dictadura a su propia gente, prohibiéndoles producir, comerciar y pensar.

El último estertor de la propaganda

Se acabó lo que se daba. Esa concentración en Las Ramblas es el último estertor de una propaganda que ya no convence ni a los suyos. Es muy fácil pedir «resistencia» desde un café en Barcelona, con el estómago lleno y el pasaporte europeo en el bolsillo, mientras el cubano real sigue esperando un milagro que no llega.

Mucho ruido y pocas nueces. Al final del día, los manifestantes se fueron a su casa con calefacción y nosotros nos quedamos con la misma pregunta: ¿Hasta cuándo van a seguir embarajando la miseria con consignas de cartón?

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