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Miami.- Nolan Arenado tiene un currículum que casi cualquier jugador de Grandes Ligas firmaría sin pestañear: ocho selecciones All-Star, diez Guantes de Oro, un bate que durante una década combinó poder y promedio, y la defensa en tercera base que redefinió lo posible en el rincón caliente.
Es el tipo de hoja de vida que, en la lógica del béisbol, conduce directamente a una placa en Cooperstown. Pero en esa hoja hay una línea en blanco, una ausencia que por sí sola puede definir una carrera: el éxito en octubre. En 13 temporadas, apenas cinco hits en 33 turnos al bate en postemporada. Para un jugador de su calibre, no es una estadística; es una deuda.
Por eso su llegada a los Arizona Diamondbacks, confirmada el martes, no es solo otro traspaso. Es una apuesta cruzada. Arenado, a punto de cumplir 35 años, busca el escenario que el béisbol le ha negado: una oportunidad real de brillar cuando más importa. Los D-backs, por su parte, adquieren no solo un nombre, sino la intención expresa de un veterano que aún siente que tiene cuentas pendientes. «Todavía quiero jugar en los playoffs», declaró Arenado. «Sé que mis números no son los mejores, pero eso no quita que estuviera preparado… Quiero la oportunidad de repetirlo».
El cambio era inevitable. Los Cardinals de San Luis, sumidos en una franca reconstrucción tras una temporada de 78-84, llevaban más de un año intentando mover al veterano. Para Arenado, el traspaso significa salir de un proyecto que mira al futuro para aterrizar en uno que mira de nuevo a la Serie Mundial, tras la sorpresiva aparición de Arizona en la Fall Classic de 2023. El movimiento tiene lógica para ambas partes: St. Louis se aligera de un contrato pesado y gira la página, Arizona suma experiencia y defensa de élite a un roster joven y hambriento.
Arenado llega tras una temporada ofensivamente discreta (.237, 12 jonrones, 52 impulsadas), cifras lejanas a su estándar de estrella. Sin embargo, su valor trasciende el promedio de bateo. Su guante en tercera base sigue siendo superlativo, un lujo defensivo que estabiliza cualquier interior, y su presencia en el clubhouse aporta un peso que no figura en las estadísticas. Reemplaza a Eugenio Suárez, canjeado el año pasado, y se convierte en el ancla ofensiva y defensiva que el equipo necesita para dar el siguiente paso.
El jugador admitió que el proceso fue largo, pero que su salida de St. Louis fue amistosa. «Tenía buenas conversaciones con Chaim Bloom», dijo, reconociendo que, en la nueva dirección de los Cardinals, «yo, en cierto modo, simplemente interferí en eso». Sus palabras reflejan la comprensión pragmática de un veterano: el béisbol es un negocio, y cuando los planes cambian, incluso las estrellas pueden quedar fuera del diseño.
Así, Nolan Arenado inicia un tercer acto en su carrera, quizás el más determinante. No se trata de acumular más Guantes de Oro o selecciones All-Star; se trata de conseguir, por fin, ese momento en octubre que pueda cerrar el único capítulo vacío de su legenda. Para los Diamondbacks, es la pieza de veteranía que puede convertir un buen equipo joven en un contendiente serio. La ecuación es clara: ellos le dan la oportunidad que anhela, y él les da la experiencia que necesitan. El resto, depende del bate y del guante de un futuro miembro del Salón de la Fama que aún tiene algo importante que demostrar.