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Arbeloa es la apuesta definitiva

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Por Yoyo Malagón ()

Madrid.- Álvaro Arbeloa ya no es el chico de los recados. Ni el parche de urgencia, ni el conserje que guarda el banquillo hasta que llegue el nombre grande. Según fuentes, el exlateral tiene ahora un contrato en la mesa que lo ata al Real Madrid más allá de este junio tormentoso.

La directiva ha firmado el papel: esta temporada más otra. Es decir, el proyecto, por ahora, tiene nombre y apellidos. Y no son los de un galáctico del banquillo, sino los de un tipo que conocía la casa desde los vestuarios.

La noticia no es que Arbeloa esté ahí; es que se quede. El club, en un movimiento que huele a pragmatismo puro —o a una falta de alternativas clamorosa—, ha decidido convertir la solución de emergencia en el plano arquitectónico. Apuestan por la continuidad de un hombre que, en su primera comparecencia pública, esquivó el tema con la diplomacia de un veterano: estará «mientras el club quiera». Una frase que parece humildad, pero que en el Madrid es el código secreto de quien sabe que tiene el respaldo firmado en un cajón.

El proyecto viene con su propio ejército. Arbeloa no hereda un cuerpo técnico; lo construye a su medida. La pieza clave es Antonio Pintus, el mago del fitness, ascendido desde el filial para poner músculo de hierro a la idea. Le sigue su mano derecha de toda la vida, Julián Carmona, el amigo personal convertido en segundo entrenador, el tipo en quien confías cuando el estadio silba. Es un equipo de trinchera, de gente de casa, lejos de estrellatos mediáticos. Hasta han prescindido de Diego López, que vuelve al Castilla. Aquí no hay espacio para sombras incómodas.

Así las cosas, Arbeloa empieza su era con algo que pocos le daban: tiempo. Y con un staff hecho a su imagen: joven, conocido en Valdebebas y sin pedigrí externo. Es el experimento definitivo de la cantera aplicada al banquillo. El club apuesta a que la sangre blanca y el conocimiento del día a día pueden más que un currículum de campeonatos ganados en otras latitudes.

La pregunta ahora no es si Arbeloa es un entrenador interino. La pregunta es si el Madrid, en su nueva piel de club que apuesta desde dentro, ha encontrado por fin al técnico que no necesita presentaciones. O si, simplemente, ha decidido que, en medio del caos, mejor confiar en el diablo que conoces.

El tiempo, y los títulos, darán la última palabra. Pero por primera vez en mucho tiempo, el entrenador del Real Madrid no mira el calendario con la maleta a medio hacer. Tiene, al menos, un año y medio por delante para demostrar que el puesto no era un premio de consolación, sino una apuesta calculada.

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