Enter your email address below and subscribe to our newsletter

A veces en prosa, a veces en verso

Comparte esta noticia

Por Eduardo Gonález Rodríguez ()

Santa Clara.- Un amigo me recordó en la publicación «sobre heces y fecales» una anécdota que ahora les contaré porque me parece muy graciosa. Además, lo que él dice es cierto, en esa época hacíamos cualquier cosa por salir de la unidad donde pasábamos el servicio militar. Lo mismo participábamos en competencias de ubicación en el terreno, que en carreras de fondo, judo, boxeo o voleibol. Tratábamos de clasificar porque casi siempre las competencias eran en Matanzas y al terminar nos íbamos a Varadero para tomarnos unos rones y mirar muchachas en bikini.

Una vez la casa central de las FAR hizo un concurso de literatura entre los ejércitos occidental, central y oriental. Como yo tenía algunas cosas escritas, dije que quería participar. Le pedí a Jorge Félix, un amigo, que fuera conmigo. Yo le daría unas viñetas rurales que había escrito para que compitiera en poesía y yo participaría con un cuento (Lidia) que había escrito unos meses atrás. Al principio él puso unos cuántos «peros» porque «yo no sé nada de eso», «si se dan cuenta», «voy a pasar una vergüenza», pero al final dijo que sí. Para no alargar la historia, ganamos en cuento y poesía por el ejército central y nos fuimos a La Habana.

La casa central de las FAR está pegada al mar. Cuando llegamos Jorge Félix estaba muy nervioso. Nosotros éramos los únicos soldados rasos que estábamos compitiendo. Los otros eran capitanes, mayores, tenientes coroneles y dos o tres trabajadores civiles de las FAR.

El camarero

Nos sentamos en una mesa para coger vista, como se dice en buen cubano, y nos dimos cuenta que había un señor delgado con una camisa azul bastante gastada que de vez en cuando les traía unas cervezas a algunos oficiales. Lo llamamos y le preguntamos el precio de la cerveza. «¿Ustedes está aquí por el concurso?», nos preguntó y le dijimos que sí. «Las cervezas van por la casa» nos respondió y nos trajo las cervezas. Tres o cuatro veces más lo llamamos y él siempre fue muy cordial y generoso. Por la tarde, cuando se inauguró la competencia, nos enteramos que el señor delgado de la camisa azul que nos sirvió de mesero era Félix Pita Rodríguez, presidente del jurado de narrativa.

Hicieron dos comisiones, narrativa y poesía. Casualmente Jorge Félix y yo leímos el segundo día. Después de leer, cuando volvimos a vernos en el almuerzo, pensábamos que no íbamos a coger ni una mención. Todo lo que se leyó en narrativa trataba del yate Granma, de Girón, de la lucha contra bandidos. Era eso contra un simple cuento de una maestra, Lidia, y una viñeta que describía a un guajiro arando con un mar de garzas detrás de él comiéndose los bichos que salían de la tierra abierta. ¡Pues, no! Me dieron el premio de narrativa y él cogió el premio de poesía.

La pregunta incómoda

Lo gracioso fue -eso me lo contó Jorge Félix- que antes de que le entregaran el premio uno de los miembros del jurado le preguntó «¿Qué prefieres escribir, prosa o versos?» Y él, que en aquel momento no sabía de qué le estaban hablando, le dijo:»bueno, yo… a veces escribo en prosa, pero otras veces escribo en versos». Hizo como el Bacán, que cuando le preguntaron en Miami cómo estaba la cosa en Cuba, respondió «¡No me puedo quejar!». Quedó bien con todo el mundo.

Luego, Jorge Félix quiso darme el premio. No lo acepté. Sin dudas era suyo. Se lo ganó con todos los honores. Para pasar esos sustos hay que ser muy aventurero.

P/D: Junto al premio (¡éramos los ganadores del premio nacional de las FAR!) nos dieron 15 días de pase. A Jorge Félix se los autorizaron. A mí no. Siempre hubo algún tropiezo entre las cosas buenas y yo. Pero quizás lo mejor de esta anécdota es que, en solidaridad, Jorge Félix tampoco aceptó sus 15 días de pase. De esa madera están hechos mis amigos.

Iba a dejarlos en paz hasta marzo, pero el comentario de Jorge Gil me inspiró y creí bueno compartirles estas cosas.

Deja un comentario