El plan que pudo cambiar el destino de Cuba

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Por Luis Alberto Ramírez ()

Miami.- La historia de la invasión de la Brigada 2506 suele resumirse en una frase: “Bahía de Cochinos fue un fracaso”. Sin embargo, pocas veces se analiza una pregunta que, a mi juicio, es mucho más importante: ¿fracasó la invasión o fue condenada al fracaso desde el momento en que se modificó el plan original?

El proyecto concebido inicialmente contemplaba el desembarco de unos 1,100 brigadistas en la Isla de Pinos. El objetivo era establecer una cabeza de playa, crear un gobierno provisional y, a partir de ese momento, solicitar el respaldo de Estados Unidos para convertir ese territorio en una plataforma de recuperación nacional, siguiendo un modelo comparable al que desarrolló Chiang Kai-shek en Taiwán.

Ese plan fue aprobado durante la administración del presidente Dwight D. Eisenhower. Sin embargo, la transición presidencial dejó su ejecución en manos de John F. Kennedy. Fue entonces cuando, según distintas interpretaciones históricas, la estrategia fue modificada y el lugar del desembarco pasó a ser la Ciénaga de Zapata.

Desde una perspectiva militar, esa decisión resulta difícil de comprender. La Ciénaga de Zapata era una zona aislada, pantanosa y extremadamente desfavorable para una fuerza expedicionaria que dependía de la rapidez, la movilidad y el apoyo exterior. Era un escenario que facilitaba el aislamiento de los invasores y dificultaba cualquier posibilidad de consolidar una posición defensiva.

El respaldo nunca llegó

Los brigadistas aceptaron las órdenes convencidos de que contarían con el respaldo estadounidense prometido durante la planificación de la operación. Ese respaldo nunca llegó en la magnitud esperada.

Muchos atribuyen el fracaso exclusivamente a la decisión del presidente Kennedy de limitar el apoyo militar. Yo pienso que el problema fue mucho más profundo. En mi opinión, el verdadero error —o la verdadera intención— estuvo en quienes diseñaron y modificaron la estrategia antes de que comenzara la operación. Funcionarios del Departamento de Estado que habían desempeñado un papel relevante en la política estadounidense hacia Cuba asesoraron decisiones que terminaron conduciendo a la Brigada hacia el peor escenario posible.

No sostengo esta opinión basándome únicamente en apreciaciones personales. Existen libros, documentos desclasificados y testimonios que permiten reconstruir el proceso de planificación de aquella operación. Entre ellos se encuentra Cuarto Piso, obra que expone una interpretación de esos acontecimientos y que forma parte del debate histórico sobre aquellos hechos.

Ahora bien, más allá de las responsabilidades políticas, hay una reflexión que considero inevitable.

La Isla de Pinos…

¿Qué habría ocurrido si el plan original nunca hubiera sido alterado?

Estoy convencido de que la historia de Cuba habría podido ser completamente distinta. Un desembarco exitoso en la Isla de Pinos habría permitido establecer un territorio libre antes de que el régimen pudiera reaccionar con toda su fuerza. Desde allí habría sido posible organizar un gobierno provisional, obtener reconocimiento internacional y convertir ese enclave en el punto de partida para la reconstrucción democrática del país.

Incluso si el resto de Cuba hubiera permanecido bajo el control de Fidel Castro durante algún tiempo, la Isla de Pinos habría podido convertirse en el equivalente latinoamericano de Taiwán: un territorio libre, próspero y ejemplo de lo que una sociedad puede alcanzar cuando disfruta de libertades económicas y políticas.

En ese escenario, millones de cubanos quizá nunca habrían tenido que abandonar su patria. Tal vez el “Miami cubano” habría surgido dentro de Cuba y no a noventa millas de sus costas.

La historia no admite segundas oportunidades. Pero sí permite formular preguntas incómodas. Y una de ellas sigue sin respuesta definitiva: ¿quién decidió cambiar un plan que ofrecía mayores posibilidades de éxito por otro que colocó a la Brigada 2506 en una posición casi imposible?

Mientras esa pregunta continúe abierta, también seguirá abierto uno de los debates más trascendentales de la historia contemporánea de Cuba.

Porque el fracaso de jirón no fue la mayor derrota del imperialismo en América, fue el peor error de Estados Unidos en América.

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