¿Ha declarado Cuba la guerra a Estados Unidos y no nos hemos dado cuenta?

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Durante más de seis décadas, Cuba y Estados Unidos han vivido en una confrontación permanente.

No ha habido una invasión cubana de Florida ni una guerra convencional entre ambos países. Pero sí han existido episodios de espionaje, infiltración, propaganda, apoyo a grupos armados, presión migratoria e influencia política.

La pregunta es incómoda:

¿Puede un país mantener una guerra contra otro sin declararla formalmente?

Si utilizamos la definición clásica de guerra, la respuesta sería no. Pero si hablamos de guerra híbrida —una combinación de operaciones militares y no militares, abiertas y encubiertas—, el caso cubano merece un análisis más serio.

La tesis no es que cada cubano que emigra forme parte de una operación del Gobierno. Tampoco que todos los acontecimientos de los últimos 67 años respondan a un único plan secreto.

La tesis es más concreta: el régimen cubano ha utilizado en distintos momentos herramientas de presión indirecta contra Estados Unidos. Consideradas en conjunto, esas operaciones forman una larga confrontación asimétrica.

¿Qué es una guerra híbrida?

Una guerra híbrida no consiste necesariamente en enviar tanques o bombarderos.

Puede incluir:

  • Espionaje.
  • Infiltración de instituciones.
  • Propaganda y desinformación.
  • Apoyo a movimientos armados.
  • Presión diplomática.
  • Ciberoperaciones.
  • Manipulación de conflictos sociales.
  • Instrumentalización de los flujos migratorios.

El objetivo es desgastar al adversario sin cruzar el umbral que provocaría una respuesta militar directa.

Por eso, una guerra híbrida puede parecer una sucesión de crisis independientes. Una operación de espionaje hoy, una campaña de propaganda mañana y una crisis migratoria años después.

No es necesario emplear todas las herramientas al mismo tiempo.

Cuba aprendió a combatir por debajo de sus posibilidades

Cuba nunca ha tenido la capacidad militar de enfrentarse directamente con Estados Unidos. Su estrategia tuvo que ser diferente.

La Habana buscó compensar su inferioridad mediante la inteligencia, las alianzas internacionales, la propaganda y el apoyo a actores indirectos.

Durante la Guerra Fría, Cuba mantuvo una estrecha relación militar y política con la Unión Soviética. También proporcionó entrenamiento y apoyo a movimientos insurgentes de América Latina y otras regiones.

El objetivo no era derrotar militarmente a Estados Unidos, algo imposible para la isla. Era elevar el coste de la política estadounidense, debilitar a sus aliados y extender la influencia cubana más allá de sus fronteras.

Espías cubanos dentro del sistema estadounidense

Uno de los aspectos mejor documentados de esta confrontación es el espionaje.

Ana Belén Montes, analista principal sobre Cuba en la Agencia de Inteligencia de Defensa, fue condenada por entregar información clasificada a los servicios cubanos.

También Walter Kendall Myers, funcionario del Departamento de Estado, y su esposa fueron condenados por una operación de espionaje que se prolongó durante décadas.

En 2024, el exembajador estadounidense Víctor Manuel Rocha admitió haber actuado durante años como agente clandestino de Cuba.

Estos casos demuestran que La Habana no se limitó a difundir propaganda desde la isla. Consiguió colocar colaboradores dentro de organismos capaces de conocer las decisiones, las fuentes y las operaciones de Washington.

En una confrontación híbrida, la información puede ser más valiosa que un misil.

La batalla dentro del exilio cubano

La comunidad cubana en Estados Unidos también ha sido un objetivo de la inteligencia de La Habana.

La llamada Red Avispa infiltró organizaciones del exilio en Florida y obtuvo información sobre grupos que actuaban contra el Gobierno cubano.

El objetivo era vigilar a los opositores, anticipar sus movimientos y neutralizar sus acciones.

El episodio más grave se produjo en 1996, cuando aviones cubanos derribaron dos avionetas de Hermanos al Rescate. Murieron cuatro personas.

Aquel caso mostró cómo una operación de infiltración podía combinarse con una acción militar limitada, dirigida contra una organización civil vinculada al exilio.

Mariel: cuando la emigración se convirtió en presión política

La emigración cubana tiene causas reales: represión, falta de oportunidades, deterioro económico y deseo de reunificación familiar.

Pero una cosa es que exista un malestar social auténtico y otra que un Gobierno aproveche ese malestar para obtener ventajas políticas.

En 1980, Fidel Castro permitió la salida masiva de cubanos desde el puerto de Mariel hacia Estados Unidos.

Un análisis desclasificado de la CIA concluyó que Castro buscaba aliviar las presiones internas sobre su régimen y presionar a Washington para negociar el control del flujo migratorio. El documento también señalaba que el Gobierno cubano pretendía expulsar a opositores y personas consideradas indeseables. Documento desclasificado sobre el éxodo del Mariel

El resultado fue una crisis humanitaria y política en Estados Unidos.

La emigración se convirtió así en una herramienta de presión: Cuba reducía parte de su tensión interna y Washington tenía que afrontar los costes de acogida, seguridad y negociación.

Los balseros de 1994

Catorce años después, el patrón volvió a repetirse.

Durante la crisis de los balseros, las autoridades cubanas relajaron los controles de salida. Decenas de miles de personas intentaron llegar a Estados Unidos en embarcaciones precarias.

La crisis obligó a Washington y La Habana a negociar nuevos acuerdos migratorios. Estados Unidos buscaba evitar una salida descontrolada por mar, mientras Cuba comprobaba que la amenaza de un éxodo masivo podía forzar a Washington a sentarse a negociar.

Esto no significa que cada persona que salió de Cuba fuera enviada por el régimen. Significa que el Gobierno cubano controlaba las puertas de salida y podía abrirlas o cerrarlas en función de sus intereses.

Nicaragua: una nueva ruta hacia Estados Unidos

En noviembre de 2021, Nicaragua eliminó repentinamente el requisito de visado para los ciudadanos cubanos.

La ruta quedó trazada:

La Habana → Managua → Honduras → Guatemala → México → frontera de Estados Unidos.

Miles de cubanos pudieron volar legalmente hasta Nicaragua y comenzar desde allí el recorrido terrestre hacia la frontera estadounidense.

Durante el año fiscal 2022, Estados Unidos registró aproximadamente 224.000 encuentros con ciudadanos cubanos en la frontera mexicana. Associated Press

La decisión llegó pocos meses después de las protestas cubanas del 11 de julio de 2021, en un momento de enorme descontento social dentro de la isla.

¿Está demostrado que Cuba y Nicaragua diseñaron conjuntamente la ruta para atacar políticamente a Estados Unidos? No existe, al menos públicamente, un documento que lo pruebe de manera definitiva.

Pero hay elementos que justifican la sospecha:

  • Nicaragua era un aliado estrecho de La Habana.
  • La eliminación del visado fue repentina.
  • La ruta produjo rápidamente un flujo masivo.
  • Cuba atravesaba una grave crisis económica y política.
  • Estados Unidos tuvo que afrontar una nueva crisis fronteriza.

La descripción más rigurosa sería hablar de una instrumentalización migratoria con características de guerra híbrida.

Ceuta: un ejemplo fuera de Cuba

Lo ocurrido recientemente en Ceuta ayuda a entender cómo funciona este tipo de presión.

En los últimos días, decenas de miles de personas cruzaron desde Marruecos hacia la ciudad autónoma española a pie o a nado. La situación desbordó los servicios de seguridad y acogida. También hubo víctimas mortales durante los intentos de entrada.

Según las informaciones publicadas, la mayoría de quienes entraron regresó posteriormente a Marruecos. El Gobierno marroquí negó haber organizado la llegada y atribuyó la crisis a redes de tráfico de personas. El País

Por tanto, no puede afirmarse sin pruebas que Marruecos haya dirigido deliberadamente la operación.

Pero el episodio muestra algo importante: cuando miles de personas son capaces de llegar en pocas horas a un territorio fronterizo, el efecto político va mucho más allá de la inmigración individual.

Se produce:

  • Saturación de los servicios públicos.
  • Presión sobre la policía y el ejército.
  • Crisis humanitaria.
  • Conflicto diplomático.
  • Atención mediática internacional.
  • Polarización política dentro del país receptor.

Eso es precisamente lo que hace que un flujo migratorio pueda ser utilizado como instrumento de presión geopolítica.

El caso de Ceuta no demuestra por sí mismo una operación híbrida marroquí. Pero sí ofrece un ejemplo contemporáneo de cómo una frontera puede convertirse en un punto de presión. La clave está en saber si el flujo fue espontáneo, tolerado, facilitado o dirigido por un Estado.

Influencia política y propaganda

La confrontación también se ha desarrollado en el terreno informativo.

La evaluación desclasificada de la inteligencia estadounidense sobre las elecciones de 2020 concluyó que Cuba trató de perjudicar las posibilidades electorales de Donald Trump mediante narrativas contrarias a los republicanos y favorables a los demócratas dirigidas a la comunidad latinoamericana. El informe añadió que la inteligencia cubana probablemente realizó actividades de bajo nivel en apoyo de esa operación. Evaluación de la inteligencia estadounidense

Esto no significa que Cuba alterara votos o manipulase máquinas electorales.

La diferencia es importante:

  • La influencia intenta cambiar opiniones.
  • La interferencia altera sistemas o resultados electorales.

En el caso cubano, existen indicios públicos de influencia, pero no pruebas equivalentes de manipulación directa del recuento electoral.

La operación tampoco tenía que convencer a toda la sociedad estadounidense. Bastaba con influir en determinados grupos, alimentar divisiones y hacer más difícil una política coordinada hacia Cuba.

¿Una guerra de 67 años?

Quizás el término “guerra” resulte demasiado fuerte para algunos lectores. Pero también puede ser demasiado estrecho limitarlo todo a la existencia o ausencia de combates.

Desde 1959, Cuba ha utilizado en distintos momentos:

  • Espionaje.
  • Infiltración del exilio.
  • Influencia política.
  • Propaganda.
  • Apoyo a movimientos armados.
  • Alianzas con potencias rivales.
  • Crisis migratorias.
  • Presión diplomática.

No todas estas acciones ocurrieron al mismo tiempo. Tampoco todas están conectadas por un documento que describa una única estrategia de 67 años.

Pero sí existe una continuidad en los objetivos: proteger al régimen, debilitar la presión estadounidense, obtener concesiones y trasladar parte de los costes de la crisis cubana a Washington.

Por eso, la formulación más defendible no es que Cuba haya declarado formalmente la guerra a Estados Unidos.

Es esta:

Cuba ha mantenido durante décadas una confrontación asimétrica compuesta por operaciones sucesivas que presentan numerosos elementos de guerra híbrida.

No hubo una declaración de guerra. Hubo algo más difícil de detectar: pequeñas ofensivas, crisis migratorias, infiltraciones, campañas de influencia y operaciones de inteligencia separadas por el tiempo, pero orientadas contra el mismo adversario.

Y esa puede ser precisamente la característica más eficaz de una guerra híbrida: que durante mucho tiempo nadie se ponga de acuerdo sobre si realmente está ocurriendo.

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