
La hipocresía de la nueva carpa
Por Hermes Entenza ()
Núremberg.- Dice este individuo —uno de los seres más despreciables que actúan como protagonistas en la nueva carpa del circo nacional— que hasta Donald Trump, si quiere, puede invertir en Cuba. Este mamerto armado a trozos, que nunca ha sabido dar respuestas coherentes a quienes lo enfrentan en sendas entrevistas, hoy no tiene ni una gota de vergüenza para decirlo abiertamente.
Yo no voy a dar mi opinión sobre si Donald Trump es bueno o malo, y me importa un comino que un día invierta en la isla. Lo que me causa ira es que, después de tantos años incitando al odio hacia el norte; después de desfiles, bocinas, panfletos y pioneritos gritando consignas sin saber todavía quiénes son esos odiados; después de tanta mierda embotellada con subproductos políticos importados y reciclados donde se gritaba que «el que no salte es yanqui», venga este tipejo a restregarnos en la cara esa añoranza —porque es añoranza— de que el enemigo más feroz —según han dicho ellos— establezca negocitos en ese socialismo «triunfante» que proclaman.
Una de las razones por las cuales el artista Maykel «Osorbo» Castillo Pérez está en prisión es por decir, frente a un chivato guarapito, que era trumpista. Decirlo no constituye un delito en ningún lugar del mundo; solo en Cuba.

La doble moral del castrismo
¿Liberarán hoy a Maykel «Osorbo»? ¿No ven ridículo que Donald Trump decida invertir en la isla y que haya un artista preso por creer en él? ¿Ya se podrán legalizar en Cuba las gorras MAGA, o solo serán partícipes los millonarios del poder en ese nuevo amor? ¿Le quitarán a los muchachos de Fuera de la Caja la censura y las críticas por usar unas gorritas que, según los ideólogos revolucionarios, tienen demasiada semejanza con el trumpismo?
En Cuba, oficialmente, el término «gusano» se creó para nombrar a los que alaban, visten o piensan con estilo yanqui —además de a todos los que disienten, aunque no gusten del American Way of Life—. Cuando llegó la película El último tren a Yuma, se patentó en el pueblo el término «Yuma» para distinguir a ese norte cruel y opresor que está a 90 millas, y que se convirtió en la verdadera utopía para el cubano. Entonces, ahora los yumas pueden invertir, ir a joder, a pasear, a tomar mojitos en El Floridita, a comer vaginas pimientosas y adobadas, a gozar la vida, mientras los isleños, azorados, sin un céntimo, hambreados, tristes o presos por ser gusanos, los ven disfrutar del nuevo socialismo donde el capitalismo es el que ordena y manda.
Personajes como este Carlos Fernández de Cossío y todos los sátrapas del poder y del PCC, más los lameculos que aplauden y levantan el bracito en señal de adhesión a todo lo que digan desde el podio, deberían estar presos en esas mismas cárceles donde hay tanta juventud sufriendo por ser acusados de gusanos.






