
El sufrimiento no sustituye al juicio crítico
Por Jorge L. León (Historiador e Investigador)
Una reflexión sobre Luis Manuel Otero Alcántara y los límites de la empatía
Houston.- Toda persona privada injustamente de su libertad merece respeto por sus derechos fundamentales. Esa es una convicción que no admite excepciones. La prisión política constituye una violación de los derechos humanos, independientemente de quién sea la víctima.
Sin embargo, reconocer ese hecho no obliga a convertir al afectado en una figura incuestionable.
En días recientes se ha afirmado que nadie debería opinar sobre Luis Manuel Otero Alcántara porque pocos conocen el sufrimiento que experimentó durante cinco años de encarcelamiento. El argumento apela a la empatía, pero presenta una dificultad evidente: confunde el respeto por la dignidad humana con la renuncia al análisis crítico. Defender este absurdo es abrirle las puertas a la censura y el terror. Y, claro no lo acepto !
En una sociedad democrática nadie obtiene inmunidad frente a la crítica por haber sufrido persecución. La historia ofrece numerosos ejemplos de personas perseguidas que, una vez libres, también fueron objeto de debate público. Una cosa es condenar la represión; otra muy distinta es aceptar sin reservas todo cuanto diga o haga quien la padeció.
También resulta discutible afirmar que solo puede opinar quien haya vivido exactamente la misma experiencia. Si ese principio fuera válido, ningún historiador podría estudiar guerras sin haber combatido, ningún juez podría juzgar un asesinato sin haber sido víctima y ningún ciudadano podría analizar una dictadura sin haber pasado por sus cárceles.
La libertad de expresión existe precisamente para que las ideas puedan ser examinadas, contrastadas y, cuando corresponda, refutadas mediante argumentos. Lo contrario conduciría a una peligrosa jerarquía del sufrimiento, donde solo quienes padecieron determinadas experiencias tendrían derecho a opinar.
Desde luego, toda crítica debe estar sustentada en hechos verificables y expresarse sin calumnias ni descalificaciones personales. Pero exigir respeto no significa prohibir el debate.
La libertad de analizar a figuras públicas
Se ha señalado además que cuestionar públicamente a un ex preso político puede perjudicar las solicitudes de asilo de otros cubanos ante las cortes de inmigración de los Estados Unidos. Ese razonamiento traslada al debate público una responsabilidad que corresponde exclusivamente a los tribunales y a las pruebas presentadas en cada caso. El reconocimiento jurídico de una persecución no depende de la popularidad del perseguido ni de la unanimidad de opiniones sobre su conducta.
La defensa de los derechos humanos pierde fuerza cuando se convierte en un mecanismo para blindar políticamente a determinadas personas. Defender la libertad implica también aceptar que las figuras públicas pueden ser objeto de análisis, discrepancia y crítica.
La verdadera solidaridad con las víctimas de la represión consiste en defender su derecho a no ser perseguidas por sus ideas. No consiste en impedir que sus actuaciones sean examinadas por la opinión pública.
El respeto por el dolor ajeno es una virtud. La renuncia al pensamiento crítico no lo es.






