El delito de quererse

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Por Rafa Junco ()

Madrid.- El certificado colgado sobre la cama debía demostrar que Richard y Mildred eran marido y mujer. Aquella madrugada, la policía lo utilizó para demostrar que habían cometido un delito. Ambos habían crecido en Central Point, una pequeña comunidad rural de Virginia donde blancos, afroamericanos y nativos americanos convivían sin que nadie les enseñara a odiarse. Richard era blanco. Mildred, según las leyes de Virginia, era «de color». Pero ellos solo sabían que se querían desde jóvenes.

El 2 de junio de 1958 viajaron a Washington, donde su matrimonio era legal. Regresaron a Virginia y se instalaron en la casa de los padres de Mildred. Unas semanas después, el sheriff y varios agentes irrumpieron en su dormitorio. Encontraron el certificado en la pared. La prueba de que se habían casado legalmente se convirtió en la prueba de que habían cometido un delito. La Ley de Integridad Racial de 1924 prohibía no solo casarse dentro del estado, sino también salir a casarse y regresar.

Richard y Mildred fueron encarcelados por separado. En enero de 1959, el juez les ofreció una salida: un año de prisión o el exilio. Debían abandonar Virginia y no regresar juntos durante 25 años. Podían visitar a sus familias por separado, pero no entrar al estado como matrimonio. Se mudaron a Washington, lejos de sus padres, de sus amigos, del lugar donde habían crecido. Para las autoridades, el exilio era una clemencia. Para los Loving, era una condena.

Al fin dejó de ser crimen

En 1963, Mildred escribió a Robert F. Kennedy. No pedía fama ni liderazgo. Solo quería saber si podía regresar a casa con su esposo. Kennedy la derivó a la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles. Los abogados Cohen y Hirschkop llevaron el caso hasta la Corte Suprema. Richard no viajó a Washington para escuchar los argumentos. Solo pidió que transmitieran una idea sencilla: amaba a su esposa y era injusto que no pudieran vivir juntos en Virginia.

El 12 de junio de 1967, la Corte falló a su favor. Las prohibiciones raciales sobre el matrimonio violaban la igualdad y la libertad. La decisión anuló la condena de los Loving y derribó leyes similares en quince estados. Richard construyó una casa en Central Point. No buscaron una vida pública, solo querían criar a sus hijos cerca de su familia. La victoria no terminó en una sentencia. Terminó en una casa de Virginia, donde un matrimonio, finalmente, dejó de ser considerado un crimen.

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