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Por Jorge Sotero

Pinar del Río.- La Guayabita del Pinar desapareció de los mercados como desaparecieron el café, la leche, el aceite, el pollo y hasta la vergüenza de los dirigentes. Durante años nos dijeron que el problema era el bloqueo, las materias primas y cualquier cantidad de cuentos. Ahora resulta que bastó una Mipyme para que la emblemática bebida volviera a producirse. Qué curioso. Al final, el «enemigo» terminó resolviendo lo que el Estado fue incapaz de garantizar.

Lo más gracioso de la noticia es leer la palabra «encadenamiento productivo». ¿Se acuerdan de esa? Era una de las expresiones favoritas de Alejandro Gil cuando todavía era ministro de Economía y prometía que esa sería la fórmula mágica para salvar el socialismo cubano.

Cada Mesa Redonda traía el mismo discurso: encadenamientos, complementariedad, eficiencia, sinergias… Al final, el único que terminó encadenado fue él, pero a un escándalo del que nunca le explicaron nada al pueblo.

Según la información oficial, la Mipyme Veneeryes fue la que puso el alcohol y los envases para que la fábrica pudiera elaborar apenas 112 cajas. Es decir, la empresa estatal tenía la receta, la tradición y la fábrica, pero le faltaban los ingredientes más elementales. Es como tener una panadería sin harina y salir después a celebrar que el vecino te prestó un saco para hacer dos barras de pan.

Y, por supuesto, no podía faltar el clásico párrafo donde aseguran que las nuevas transformaciones económicas permiten «superar los obstáculos del bloqueo». No, señores. Lo que permitió fabricar la Guayabita fue que una empresa privada hizo lo que el Estado llevaba años sin poder hacer: conseguir insumos. El bloqueo no desapareció la semana pasada. Lo que cambió fue que tuvieron que aceptar, aunque les duela, que sin las Mipymes muchas industrias estatales ya habrían cerrado definitivamente.

La moraleja es extraordinaria. Después de décadas demonizando la iniciativa privada, ahora terminan dependiendo de ella hasta para producir el licor más emblemático de Pinar del Río. La Guayabita volvió, sí. Pero volvió gracias a esa misma empresa privada que durante años fue presentada como poco menos que una amenaza para el socialismo.

Al final, el mercado les está dando una lección que ningún discurso de la Plaza ni ninguna Mesa Redonda ha podido esconder: cuando el régimen no puede, aparece una Mipyme y le salva la fiesta.

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