
He estado pensando en… nuestras cuotas de miedo
Por Padre Alberto Reyes ()
Esmeralda, Camagüey.- La primera película de “Alien” se proyectó en la televisión cubana un sábado en la noche. Toda mi familia se había ido a dormir, pero yo, por entonces adolescente y amante empedernido de la ciencia ficción, me quedé a ver la película, solo.
Fue fascinante, y aterrador. Aunque tenía las luces de la sala encendidas, el resto de la casa estaba a oscuras, y entre escena y escena yo me volteaba para mirar la oscuridad, como si mi asiento fuera parte de aquella nave espacial, como si aquel bicho horrendo fuera a salir de la pantalla y a envolverme en sus tentáculos.
Somos seres frágiles, extremadamente vulnerables, y bastante incapaces de predecir el futuro, y eso nos hace presas fáciles del miedo. De hecho, nuestra grandeza no está en no sentir miedo, sino en ir construyendo una historia a pesar de nuestros miedos. Y el primer paso para hacerlo es, precisamente, reconocer nuestros miedos, ponerles nombre, y decidir qué queremos hacer con ellos.
Miedo a la libertad
Tenemos miedo a la libertad, a no saber qué hacer cuando podamos vivir sin cadenas, a no saber ser dueños de nuestro destino una vez que nadie nos diga qué hacer. Tenemos miedo a una sociedad en la cual tengamos quedialogar y llegar a un acuerdo en los modos en que cada uno quiera ejercitar su libertad.
Miramos el país ruinoso en el cual vivimos y sólo vemos destrucción: casas, carreteras, sistema eléctrico, servicio de agua, transporte, la educación, el sistema de salud… y la gente, deteriorada tanto en lo físico como en lo moral. Y se nos desploma el alma, y pensamos muy adentro: “Si viene un cambio, ¿qué hago?, ¿cómo hago?, ¿seré capaz de ubicarme en una realidad diferente?”
Y muy allá adentro, en lo inconfesable del alma, nos quejamos, maldecimos, protestamos, pero preferimos que todo siga igual, en lo que conocemos, en lo que manejamos, en nuestra miserable seguridad.
Miramos a aquellos que un día caminaron sobre sus miedos y se marcharon, y los vemos construir una vida digna, pero cuando nos dicen que un cambio es posible, pensamos que ellos “se instalaron donde ya había un sistema libre”, y preferimos creer que sus sacrificios y sus esfuerzos por remontar sus vidas desde la nada son menores que “arreglar esto”.
Vieron la estrella porque se habían puesto en camino
Escuchamos a otros países que lograron liberarse del comunismo, y los envidiamos, pero enseguida nos decimos que “nosotros somos una isla”, o que “el carácter del cubano es diferente”.
Porque, en realidad, el cambio nos asusta, lo nuevo nos asusta.
Por eso siempre hay personas dispuestas a delatar, a reprimir, a difamar, a apoyar a los que buscan que los intentos de libertad fracasen. No lo hacen porque crean en las bondades de este sistema. Al igual que todos, pasan hambre, viven sin electricidad, se asfixian con el calor, tienen que tirar los alimentos echados a perder, no tienen medicamentos, viven la pesadilla del transporte, muchos tienen sus hijos emigrados… pero les aterra el cambio, y prefieren la oscuridad conocida de la cueva a los riesgos desconocidos de la luz.
Por suerte, está también la otra parte, aquellos que no saben cómo será el futuro, pero que tienen claro que no quieren este presente, aquellos que hablan, escriben, protestan, salen a las calles, suenan las cazuelas… porque de algún modo han entendido aquella frase de san Juan Crisóstomo que dice: “Los Reyes Magos no se pusieron en camino porque vieron la estrella. Vieron la estrella porque se habían puesto en camino”.






