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Por Eduardo González Rodríguez ()

Santa Clara.- Una vez más, como casi todos los días, en el Reparto José Martí tuvimos más de 24 horas sin corriente. Una vez más, como casi todos los días, la comida simbólica que reservamos para fingir que almorzamos, se echó a perder a causa del calor. Una vez más, como casi todos los días, tengo que explicarle con mucha calma a mi familia que la culpa no es de la UNE, ni del gobierno.

La UNE no es una ONG ni un partido independiente. La UNE, como todos en este circo de payasos ridículos y tristes, recibe órdenes de arriba. Y el gobierno hace lo que hacen todos los gobiernos que se inventan una «democracia diferente»: prometer y no cumplir. Ellos no fallan como gobierno, somos nosotros los que hemos fallado como pueblo aplaudiendo errores y aceptándoles cada improvisación económica.

Al final, la culpa es de los americanos. De los mismos americanos que metieron en La Habana al director de la CIA y que vino acompañado del que montó a Maduro en un helicóptero y se lo llevó a vivir a Nueva York. Los mismos americanos que metieron en la Base Naval de Guantánamo al Secretario de Guerra en short y camiseta.

Los mismos americanos con los que negocian, a espaldas de gente hambreada y sin fé, las crisis recurrentes de esta «democracia diferente» que terminó en desastre por los «no se puede», por decretos leyes, por los límites absurdos en la economía y que ahora, otra vez, prometen borrar de un plumazo con un nuevo paquete de medidas. ¡Otro paquete diseñado por los mismos que diseñaron las tiendas en MLC, el Ordenamiento, el reordenamiento del Ordenamiento y los 19 productos de la canasta básica!

Y mientras esperamos en casa un poco de energía, los jugadores de dados lo apuestan todo a no soltar el power ni la plata. Hace un tiempo que por acá lo humano siempre queda en un segundo o tercer plano. Suben los precios, baja la moral, y la dignidad es como un caballo viejo muriéndose de hambre debajo de un árbol. Un caballo que recibe golpes si relincha y yerba seca si aplaude la miseria.

Los que prometen futuro, hablan del suyo

En el futuro, ya lo sabemos, tendremos el deber de admitir nuestra miserable cobardía y enseñarles a los hijos el tremendo peligro que representan el arroz, los frijoles y los panes subsidiados en una democracia diferente. Habrá que enseñarles que el futuro luminoso es una trampa donde siempre te tienen por el cuello.

Los que prometen futuros para todos, están hablando de futuros propios, de negocios propios, de un pueblo particular para experimentar fórmulas sociales con el método prueba y error como si fuéramos una raza eterna. Si alguna vez descubres lo que quieren, te sacarán en cara el pan que subsidiaron. Un pan que, ante nuestros propios ojos, también se extinguió como los dinosaurios sin que cayera un meteorito.

Para tener un futuro decente es imprescindible un presente robusto, pero el presente lo entregamos a cambio de algo que no existe y nos hipotecaron la existencia. ¡Nostra culpa! Pero no será para siempre. Tengo fé en que no será para siempre.

PD: El tiempo que me tomó escribir esto es el tiempo que hoy tuvimos de corriente en el Reparto José Martí. Hoy nos pusieron 1 hora y 40 minutos de electricidad. Imagínense, 2 horas o 2 horas y media al día por semanas y meses en pleno siglo XXI. Debería ser ilegal, y aunque sea legal, sería un crimen legalizado. Créanme, hay lugares donde la están pasando peor. Pero, bueno, por acá la tendencia es a empeorar, nunca a mejorar. Lo único que falta es que nos prohíban el sol.

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