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Por Jorge Sotero ()

La Habana.- Escuche bien, que esto no es un programa de gobierno. Es el estertor de un régimen que huele el miedo en el aire y ha decidido vestirlo de esperanza. Miguel Díaz-Canel habla de «pasión por la creatividad» como si Fidel hubiera sido un poeta, y no el tipo que nos metió en este hoyo. Pero resulta que ahora, cuando los portaviones asoman en el Caribe y el Pentágono ya no hace ejercicios teóricos, resulta que ahora sí hay que descentralizar.

¿Dónde estaba esa creatividad cuando se apagaban las luces y el pueblo comía mal? No estaba. Porque a ellos la creatividad solo les funciona cuando la amenaza les toca el bolsillo, o mejor dicho, el pellejo.

Y mire lo que dice: «Crear riqueza y distribuirla con justicia social». Pero si durante sesenta y tantos años lo que han hecho es distribuir miseria con eficiencia burocrática. Ahora, cuando Washington les ha puesto la soga al cuello, cuando la posibilidad de ser capturados y llevados a Estados Unidos —como Maduro, como tanto anuncian— es real, ahora resulta que los municipios van a importar y exportar por su cuenta.

¿De verdad alguien se cree que el Comité Central va a soltar las divisas? No, mi amigo. Esto no es buena voluntad. Esto es pura supervivencia. El perro cuando está acorralado lame, pero luego muerde.

Ustedes mandaban, la culpa es de ustedes

Le propongo que hablemos de hipocresía. Porque eso es lo que hay en cada una de esas promesas. «Que la empresa estatal funcione sin intermediarios». Pero si el intermediario histórico se llama Partido, se llama burocracia, se llama el sobrino del general que vive en un piso en Madrid.

Ahora quieren autonomía municipal, pero ¿qué municipio se atreverá a tomar una decisión sin llamar antes a La Habana? Esto no es un plan económico. Es un manual de cómo ganar tiempo. Y ellos saben que el tiempo no juega a su favor, pero mientras tanto el pueblo sigue sin comer, sin luz, sin gasolina. Y ellos siguen hablando.

No me venga con soberanía alimentaria. En Cuba hay tierra buena, pero los que la trabajan se van o se mueren de hambre. Ahora dicen que le van a dar tierra a «los que de verdad puedan producirla». ¿Y quién decide eso? ¿Los mismos que dejaron la tierra ociosa durante décadas?

Lo que están haciendo es mover fichas para que cuando llegue la tormenta —y va a llegar— puedan decir «nosotros lo intentamos». Pero la gente no es tonta. La gente recuerda los apagones, las colas, los silbidos y las cazuelas vacías. Y recuerda también que todo eso pasó cuando ellos mandaban.

Solo piensan en ustedes

Así que no, presidente. Su hora se acabó. Puede reducir ministerios, puede crear superministerios, puede poner al mismo banquero que no paga las pensiones a manejar el Banco Nacional. Pero eso no es reforma, eso es reanimación de cadáver.

Lo que están haciendo no es por el cubano. Es por ustedes, por Raúl, por los generales que ven cómo se les viene encima el mismo imperio al que desafiaron con gritos y ahora no saben cómo callar. Estados Unidos ya no negocia. Y Cuba ya no cree. Así que cante misa, señor Díaz-Canel, que el pueblo ya no le compra el sermón.

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