Florentino, el único capitán posible, aunque toque remar a contracorriente

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Por Yoyo Malagón ()

Madrid.- Este domingo, señores, el Real Madrid vota. Y aunque suene a trámite, el club se juega más que un palco bonito. Porque enfrente tienen a Florentino Pérez, que volverá a ganar, eso es tan seguro como que el sol sale por Concha Espina. Pero ojo, no será por méritos propios, sino por el esperpento de campaña que ha firmado su rival, Enrique Riquelme. Un señor que ha confundido una junta electoral con un mercadillo de mentiras pirotécnicas.

Riquelme prometió entrenador fichado antes de las elecciones. Luego dijo que era Jurgen Klopp. Y remató: “Raúl González llamará a Klopp en cuanto ganemos”. ¿El problema? Klopp, desde su retiro, negó hasta el saludo. Y Raúl, mudo como una tumba, ni desmintió ni confirmó, porque el silencio también es un cheque en la casilla del ridículo. Pero lo más triste fue el numerito con Haaland. Papá, agente y hasta el utilero del City salieron a desmentirlo. Y Riquelme, tan ancho, como si las fake news fueran parte del programa.

Mientras, Florentino ha hablado y a medias ha vuelto a ilusionar. Sabe que ganará con el 80% de los votos, pero eso ya no le sirve de nada. Porque la afición está harta de dos años en blanco, de ver al gran rival celebrar un par de ligas, y aquí, y eso pesa.

El club necesita algo más que discursos de Valdebebas. Necesita títulos, y ya. Porque la paciencia del madridismo es como la de un toro: manso hasta que ve la muleta roja.

Este domingo Florentino será reelegido con facilidad. Pero que no se duerma en los laureles del poder. Las mentiras de Riquelme le han hecho un favor: le han recordado que el socio quiere hechos, no promesas imposibles. Que si traes a Mbappé para vender camisetas, pero dejas la defensa en cuadro, la gracia dura lo que un champán en un palco.

Así que ya lo saben: Florentino gana, pero tiene que ponerse las pilas. Porque dos temporadas sin títulos en el Real Madrid no son una racha, son un aviso. Y los avisos, en este club, acaban siempre con alguien fuera. Que Riquelme se vaya tranquilo: su legado será el de haber vendido humo en Chamartín. Pero el que se queda, o remonta o se quema. Este domingo hay elecciones. Y el lunes, a currar.

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