GAESA y el bloqueo, o cómo la élite cubana se enriqueció hasta que Trump apretó las tuercas

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Por Jorge Menéndez ()

Cabrils.- Sesenta y siete años de bloqueo, según el gobierno cubano, no han logrado derrotar al «socialismo». Pero sí han conseguido algo mucho más impresionante: que una élite viva como si administrara un emirato petrolero. Milagros de la revolución.

La codicia ha producido un conglomerado con más de 20.000 millones en activos, mientras el país entero se deshace como un edificio sin mantenimiento. Pero que nadie se preocupe: todo tiene explicación. ¿La culpa? El bloqueo, ese comodín que sirve para justificar desde la falta de pan hasta la falta de vergüenza.

Lo más delicioso del asunto es que GAESA, esa joya del sistema, ha sido inmune al bloqueo durante décadas. De hecho, parte de su riqueza proviene de importaciones en dólares desde el propio país «enemigo». Una contradicción tan grotesca que ya ni provoca risa, solo cansancio.

Durante 67 años, la élite gobernante ha perfeccionado su fórmula: enriquecerse mientras el bloqueo hace de telón de fondo. Hasta que llegó Donald Trump y decidió que, si hay bloqueo, que sea bloqueo de verdad. Y ahí sí que el negocio dejó de ser rentable.

El bloqueo de verdad

Los efectos fueron quirúrgicos. Aerolíneas huyendo por falta de combustible y sentido común. Turismo evaporado y cadenas hoteleras internacionales saliendo por la puerta trasera. Hoteles cerrados como si fueran ruinas arqueológicas recién descubiertas. Sherritt fuera, dejando el níquel en coma inducido. El Mariel paralizado tras la retirada de navieras clave. Empresas españolas preparando la fuga antes de que el barco termine de hundirse.

El bloqueo, por primera vez, se volvió real. Y su objetivo es evidente: asfixiar al régimen, no al pueblo. Esto se podía haber hecho hace décadas. Quizás hoy Cuba sería irreconocible.

Trump no parece querer intervenir. Solo está esperando a que aquello se desplome por su propio peso. Y el peso ya es insoportable. GAESA y el gobierno han perdido la máscara. La dictadura está amortizada, sin discurso, sin resultados y sin público. El socialismo terminó, pero ellos siguen repitiendo el libreto como actores que no se han enterado de que la obra ya acabó.

Si algún día se tocan los vuelos desde Estados Unidos y las remesas, será el golpe final. Después de 67 años de socialismo, el gobierno ofrece dos horas de luz. Mientras tanto, GAESA guarda sus activos como si fueran reliquias de un templo. Un templo privado, claro.

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