
El último 16 de abril
Por Max Astudillo ()
La Habana.- Miguel Díaz-Canel volvió hoy a la esquina de 23 y 12. La misma donde Fidel, en 1961, desafió a Estados Unidos con aquella frase que la historia oficial repite como un mantra: «hicimos una Revolución socialista en las propias narices de Estados Unidos». Sesenta y cinco años después, el escenario es el mismo. Pero el aire es otro.
Porque ya no se trata de desafiar a Washington con retórica incendiaria. Se trata de sobrevivir. La economía cubana está en caída libre. Los apagones son moneda corriente. Y la juventud, esa que el régimen presume como suya, mira hacia cualquier lugar menos hacia la Plaza de la Rev.olución o hacia 23 y 12
Y mientras Díaz-Canel habla de dignidad y resistencia, Donald Trump espera en la otra orilla. No es el Trump de los tuits atolondrados. Es el de las medidas calculadas. El que ya demostró que puede asfixiar a la isla sin disparar un solo tiro. El que sabe que el castrismo no se derrota con invasiones, sino con paciencia y presión económica.
Todo hace indicar, como apuntan analistas dentro y fuera de la isla, que este puede ser el último 16 de abril que los gobernantes cubanos celebren con la certeza de que el sistema aguanta. No porque venga una intervención militar. Sino porque el desgaste interno, la emigración masiva y el agotamiento de un modelo que ya no convence a nadie, están haciendo el trabajo que la CIA nunca pudo hacer.
Los estertores del castrismo no se ven en discursos. Se ven en las colas. En los balseros. En las viviendas derrumbadas. En los hospitales sin insumos. En esa sensación general de que ya no hay futuro, solo sobrevivencia. Y cuando un pueblo deja de creer, no hace falta que un presidente extranjero dé la orden final.
Así que sí, señor Díaz-Canel. Siga citando a Fidel en la esquina de 23 y 12. Siga hablando de dignidad. Pero sepa que el reloj no perdona. Y que este 16 de abril, más que una celebración, parece un aviso. Quizás el último que les regale la historia.






