Mourinho, el especialista en incendios que ahora quema su propia casa

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Por Yoyo Malagón ()

Madrid.- José Mourinho, el hombre que hizo del «yo contra todos» un arte, tiene un problema. O más bien, el Benfica tiene un problema. Porque el técnico de Setúbal, ese que llegó a Lisboa con el cartel de salvador de la patria, anda ahora más incendiario que nunca. Critica a sus jugadores, pone en duda a la directiva y, de paso, alimenta rumores de salida con una cláusula en su contrato que le permite largarse sin pagar un euro. Todo esto mientras su equipo está invicto en la Primeira Liga. Invicto. Y aún así, hay crisis. Esto, amigos, es Mourinho en estado puro.

La prensa portuguesa, esa que lo adora cuando gana y lo crucifica cuando pierde, anda estos días con el cuchillo entre los dientes. «Rui Costa tiene que continuar con este proyecto», dicen los periódicos. Pero el proyecto tiene pinta de ser más humo que otra cosa. Porque Mourinho, que firmó hasta 2027, tiene una cláusula de rescisión unilateral sin penalización. Es decir, si mañana le apetece irse al Al-Nassr a cobrar en petrodólares, se va. Y el Benfica se queda con la miel en los labios y las manos vacías.

El debate, como era de esperar, no es deportivo. Es psicológico. Mourinho carga contra todo y contra todos. Contra sus jugadores, contra el calendario, contra el árbitro, contra el VAR, contra la pelota. Y cada vez que abre la boca, Lisboa tiembla.

La amenaza de irse

Pero lo peor no es que critique. Lo peor es que, cuando habla, siempre deja caer un «yo no sé si seguiré». Esa es su especialidad: generar incertidumbre para que nadie se duerma en los laureles. O para que, llegado el caso, la culpa sea siempre del otro.

El Benfica, mientras tanto, sigue invicto en liga. Pero en Champions y en la Taça de Portugal ya cayeron. Y esos dos asteriscos son los que sus enemigos usan para decir que el proyecto no funciona. Porque en el fútbol portugués, ganar la liga está bien, pero no es suficiente. Hay que ganar todo. Y si no, Mourinho se encarga de recordarlo cada semana con una rueda de prensa que parece un monólogo de humor negro.

Rui Costa, el presidente, intenta apagar el fuego con declaraciones conciliadoras: «Tiene contrato, no es un problema». Pero el problema no es el contrato. El problema es que Mourinho tiene la llave para irse sin pedir permiso. Y el problema es que, mientras él amenaza con marcharse, la plantilla ya está pensando en el próximo verano, cuando todo puede saltar por los aires. La punta del iceberg, dicen en Portugal. Y abajo, debajo del agua, hay un club que se debate entre la gloria y el caos.

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