Por Albert Fonse ()
Vancouver.- Muchos se han sentido desanimados porque Estados Unidos no detuvo el paso del buque petrolero ruso hacia Cuba. Desde fuera, algunos lo interpretan como debilidad o incluso como miedo a Rusia. Los voceros del régimen lo celebran como una victoria. Esa lectura es superficial. Lo que ha ocurrido es una jugada táctica.
Desde el 3 de enero en adelante, el escenario cambió. El flujo de petróleo subsidiado, especialmente desde Venezuela, dejó de ser la base que sostenía al régimen. A partir de ese punto, cualquier petróleo que entra a Cuba tiene que pagarse. Esa es la realidad que desmonta toda la narrativa del «bloqueo energético». Como ha señalado Marco Rubio, el problema no es que no se permita la entrada de petróleo, sino que el régimen no tiene divisas para comprarlo.
Permitir la entrada de este buque no fortalece al régimen, lo expone. Le quita la excusa del supuesto bloqueo total y lo deja frente a su verdadera limitación: nadie quiere darle crédito. El sistema cubano no genera confianza financiera, no tiene respaldo económico y no puede sostener compras constantes de combustible en el mercado internacional.
Aquí entra el punto clave. Rusia puede enviar petróleo, pero la pregunta no es si puede, sino si quiere regalarlo de forma sostenida. Rusia está en medio de un conflicto prolongado y tiene sus propios intereses estratégicos. China, por su parte, actúa en función de beneficios concretos, no para sostener economías fallidas sin retorno. Si el petróleo no es gratis, tiene que pagarse. Si no se paga, no hay estabilidad en el suministro.
Además, esta decisión también tiene un componente internacional. Durante meses se ha intentado posicionar la idea de un bloqueo absoluto. Al permitir el paso de este buque, Estados Unidos desmonta ese argumento sin relajar la presión real. Se elimina la excusa, no la estrategia.
El resultado es directo. Si aun con la posibilidad de recibir petróleo Cuba sigue en crisis, queda claro que el problema no es externo. Es un sistema quebrado, sin liquidez, sin crédito y sin capacidad de sostenerse. Lo que algunos interpretan como una concesión es, en realidad, una exposición calculada. Cuando desaparece la excusa, queda la verdad: no es que no los dejen comprar, es que no pueden pagar.
Todo es parte del plan de mostrar al mundo y principalmente al público norteamericano que Cuba es un estado fallido, colapsado, que no quiere hacer cambios estructurales profundos y que la única solución es la intervención militar.
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