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Erick Hernández: El Rey de la Cabeza Sentada y con Lastre

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¡Qué cosa, mi gente! Aquí, retomando el hilo de la vida, como quien se sienta a echar un café y a hablar de lo que de verdad importa. Y hoy, el tema nos trae hasta el mismísimo Hotel Meliá Cohíba, allá en La Habana, donde un compatriota nuestro, Erick Hernández, se ha fajado y ha vuelto a poner el nombre de Cuba en alto, pero de una manera que te deja pensando.

Imagínense ustedes: una hora, 24 minutos y 33 segundos. ¿Y cómo? ¡Sentado! Y con un peso en los tobillos que ni te cuento, un kilo y medio en cada uno. Dominando un balón con la cabeza. ¡Con la cabeza, señores! Esto no es cosa de cualquiera, esto es tener una conexión especial con la pelota, una disciplina que te nace de adentro, de esa sangre cubana que no se rinde ante nada.

Y lo más curioso de todo, es que esta no es la primera vez que Erick nos sorprende. Ya en 2025 nos había dado una alegría con una marca similar, pero él, que es un hombre de retos, se propuso superarse. Y lo hizo. Porque así somos, ¿verdad? Siempre buscando ese poquito más, esa milla extra, aunque el camino esté lleno de obstáculos. Él mismo lo explica, y te das cuenta de la complejidad: cuando estás parado, el impulso viene de las piernas, pero sentado, todo el trabajo se concentra en el tronco, en mantener el equilibrio, en que la pelota no se te escape ni para un lado ni para el otro. Y con el lastre, ¡ni se diga!

Esto me recuerda a tantas historias de cubanos que, con lo poco que tienen, hacen maravillas. Que se inventan la vida, que luchan contra viento y marea. Erick, conocido como «El Dominador», lleva más de 30 récords Guinness desde 2005. ¡Treinta! Y no solo con la cabeza, también con los pies, combinando todo. Es un ejemplo de esa tenacidad que nos caracteriza, de esa capacidad para reinventarnos y para demostrarle al mundo de lo que somos capaces.

Al final, uno se queda pensando. En la dedicación, en el sacrificio, en esa pasión que te lleva a pasar horas y horas entrenando para lograr algo que, para muchos, parecería imposible. Es un recordatorio de que en esta isla, y también allá afuera, en la diáspora que no olvida, hay mucho talento, mucha fuerza y mucha esperanza. Y aunque a veces la vida nos ponga lastres, como los de Erick en los tobillos, siempre hay una manera de mantener la cabeza en alto y seguir dominando nuestro propio balón.

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