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Por Anette Espinosa
La Habana.- Por fin aparecieron los dos veleros que habían sido reportados como desaparecidos en alta mar después de salir desde México rumbo a Cuba con ayuda humanitaria. Durante dos días existió preocupación por la suerte de la tripulación y por el cargamento que transportaban, pero finalmente ambas embarcaciones fueron localizadas y se confirmó que todos se encontraban a salvo. En medio de la incertidumbre, la noticia trajo alivio para quienes seguían el viaje con preocupación.
Sin embargo, más allá del desenlace feliz, el episodio deja una imagen bastante triste de la realidad que vive hoy Cuba. Que dos pequeños veleros cargados con unas cuantas latas de sabediosqué y algunos paquetes de galletas se conviertan en noticia nacional, dice mucho del nivel de precariedad al que ha llegado el país. Lo que en cualquier otro lugar pasaría prácticamente desapercibido, en la isla se convierte en un acontecimiento que ocupa titulares y moviliza a las autoridades.
El hecho de que el propio Limonardo reciba este tipo de ayuda al momento de su llegada, también refleja hasta qué punto la escasez se ha normalizado dentro del discurso oficial. Se presenta como un gesto solidario y como un logro diplomático, cuando en realidad se trata de una cantidad de alimentos que apenas alcanzaría para abastecer, durante muy poco tiempo, a una escuela primaria.
La escena, vista con distancia, resulta difícil de ignorar. Un país que a cada rato presume de soberanía alimentaria y de un modelo capaz de sostener a su población, hoy depende de cargamentos mínimos enviados desde el extranjero. Que esa ayuda provenga de México, además, pone en evidencia que Cuba atraviesa una situación económica tan deteriorada que incluso pequeños gestos humanitarios terminan siendo tratados como grandes acontecimientos.
Al final, más que la historia de dos veleros que lograron completar su travesía, lo que queda es el retrato de un país sumido en una crisis profunda. Cuando un cargamento que no alcanza ni para alimentar a un pequeño grupo de estudiantes se celebra como si fuera una solución importante, la verdadera noticia no está en los barcos ni en la ayuda, sino en el nivel de pobreza y dependencia al que ha llegado Cuba.