Por Jorge Menéndez ()
Cabrils.- Poco se habla de lo que Trump y el gobierno cubano llaman negociaciones. Pasa el tiempo y conocemos las intenciones de la administración Trump, también sabemos de las no intenciones del gobierno de Cuba. Pero no se habla ni de encuentros concretos, ni de temas, ni de progresos, y mucho menos de acuerdos.
El tiempo pasa y se corren dos riesgos. El primero es que todo quede en el saco del olvido, lo que sería mortal para el pueblo cubano, que ya está exprimido hasta la saciedad. El segundo es que unas conversaciones sin «trato», como lo llama Trump, lleven automáticamente a una intervención militar para derrocar a los dueños del poder.
La realidad es que todo en Cuba va a peor, con el consiguiente sufrimiento del pueblo cubano. Y los que vivían como jeques árabes siguen haciéndolo, mientras continúan dolarizando la economía paso a paso.
Díaz-Canel busca inversión desesperadamente y pretende presentar a los estadounidenses un plan que no contempla absolutamente nada de lo que ellos piden. Por lo tanto, son conversaciones abocadas desde el primer día al fracaso.
Soy de la opinión de que Trump se ha empantanado con Irán, cayó en los planes de Netanyahu y ha visto cómo se le complican las cosas con Ucrania y Rusia, que tampoco avanzan. Cuba ha pasado a un tercer plano.
Todo esto le da oxígeno al gobierno cubano, que, como siempre, busca ganar tiempo para ver de qué rama agarrarse. Las cartas están puestas sobre la mesa. El tiempo juega a favor del gobierno cubano y las cartas a favor de Trump.



