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Por Yeison Derulo
La Habana.- A Anna Sofía Benítez Silvente, conocida en redes como Anna Bensi, la dictadura cubana decidió ponerle techo y candado. No es una metáfora: reclusión domiciliaria. Así, sin anestesia. La joven creadora de contenido fue instruida de cargos y enviada a cumplir una medida cautelar dentro de su propia casa, como si vivir en Cuba no fuese ya una condena suficiente.
La noticia, confirmada por su familia a Cubanet, vuelve a retratar el mismo cuadro de siempre: un régimen que no tolera ni el más mínimo margen de expresión individual.
Según trascendió, a Anna Bensi la acusan de un supuesto delito de “actos contra la intimidad personal y familiar”, recogido en el artículo 393 del Código Penal. Una figura legal tan elástica que cabe todo lo que al poder le incomoda. Hoy es un video, mañana una opinión, pasado cualquier cosa. En Cuba, el delito no lo define la ley, lo define la molestia que causes. Y si molestaste, estás marcado.
Lo más grotesco del asunto es que no está sola en este proceso. Su propia madre, Caridad Silvente Laffita, enfrenta exactamente la misma acusación. Dos generaciones bajo la misma presión, el mismo expediente, la misma amenaza. “Está bajo el mismo proceso que nuestra madre”, declaró su hermana, como quien describe una rutina doméstica más en un país donde la represión ya forma parte del paisaje cotidiano.
Aquí no hay casualidades. Hay método. Se trata de enviar un mensaje claro: cualquiera que tenga visibilidad, cualquiera que conecte con la gente, cualquiera que hable más alto de la cuenta, será silenciado. No importa si lo haces desde el periodismo, el activismo o una cuenta en redes sociales. La maquinaria es la misma y el objetivo también: controlar, intimidar, apagar.
Mientras tanto, el discurso oficial seguirá hablando de soberanía, de dignidad, de resistencia. Pero la realidad es otra: jóvenes bajo arresto en sus propias casas, familias enteras procesadas y un país donde opinar puede costarte la libertad.
Lo de Anna Bensi no es un caso aislado. Es otro capítulo de una historia que se repite demasiado. Y que, por desgracia, todavía no tiene final.