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Por Yeison Derulo
La Habana.- El 8 de marzo siempre viene con mucha hipocresía oficial. En Cuba no es diferente. El régimen se llena la boca hablando del “papel de la mujer en la revolución”, mientras millones de cubanas se levantan cada mañana a sobrevivir en un país que apenas les ofrece algo más que sacrificio.
La mujer cubana carga con el peso de una crisis interminable: hace colas de horas y horas para conseguir algo de comer, inventa comida donde no la hay y regresa a casa con la angustia de saber que mañana todo volverá a empezar igual o peor.
En cualquier barrio de la isla uno puede ver la escena completa. Una madre con dos hijos pequeños esperando por un litro de aceite que quizás nunca llegue, otra caminando kilómetros porque no hay transporte, una abuela cuidando a tres nietos porque los padres emigraron.
Esa es la verdadera postal del “paraíso socialista”. Mientras los dirigentes hablan de igualdad en televisión, las mujeres son las que sostienen el país a base de sacrificio, resignación y una creatividad forzada por la miseria.
A eso se suma la represión. Cuando una mujer cubana decide levantar la voz, entonces el sistema muestra los dientes. Ahí están las madres de presos políticos, las activistas hostigadas por la Seguridad del Estado, las periodistas independientes perseguidas por hacer su trabajo. Muchas han sido detenidas, amenazadas o expulsadas de sus empleos por el simple delito de decir lo que todos saben: que la dictadura convirtió la vida en la isla en una carrera de resistencia.
La tragedia es aún mayor cuando miras el futuro. Miles de jóvenes cubanas solo piensan en una cosa: irse. España, Estados Unidos, donde sea. No porque quieran abandonar su país, sino porque la dictadura les robó la esperanza. Un país donde estudiar no garantiza un salario digno, donde tener un hijo se convierte en una angustia permanente y donde el talento termina desperdiciado entre apagones, escasez y propaganda política.
Por eso el 8 de marzo en Cuba debería ser menos consigna y más reflexión. La mujer cubana no necesita discursos del Partido ni flores de utilería en la televisión estatal. Lo que necesita es libertad, oportunidades y un país donde no tenga que vivir haciendo milagros todos los días.