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Buques mexicanos arriban a La Habana con 1 200 toneladas de alimentos

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Por Redacción Nacional

La Habana.- Los buques Papaloapan y Huasteco de la Armada de México atracaron este sábado en el puerto de La Habana con cerca de 1 200 toneladas de ayuda alimentaria destinada al pueblo cubano.

Según reportó el diario oficial Granma, el Papaloapan transportó mil 78 toneladas de frijol y leche en polvo. Por otra parte, el ARM Huasteco arribó con 92 toneladas de frijol y 23 toneladas de alimentos varios. Una cifra que, en cualquier país con una economía mínimamente funcional, sería un gesto solidario. Sin embargo, en Cuba, se ha convertido en una postal repetida de dependencia.

La ministra de Comercio Interior, Betsy Díaz Velázquez, informó que la carga se incorporará de inmediato a la red de distribución. Como siempre, se priorizará a los grupos vulnerables y “a la mayor cantidad de población posible según las cantidades disponibles”.

El lenguaje burocrático no alcanza para ocultar lo esencial. Es decir, un país que durante décadas se proclamó potencia médica y ejemplo de soberanía alimentaria vuelve a necesitar frijoles donados para sostener su canasta básica.

Desde el oficialismo se agradeció efusivamente a la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum, a la Secretaría de Relaciones Exteriores, a la Marina y a la embajada en La Habana. Es la tercera ocasión en que México envía insumos a la isla en medio de la crisis. Mientras tanto, el discurso interno sigue culpando exclusivamente al embargo estadounidense. Asimismo, evita cualquier autocrítica sobre un modelo económico que ha demostrado ser incapaz de producir alimentos suficientes para once millones de personas.

Díaz Velázquez explicó que un donativo anterior fue distribuido en Mayabeque, Artemisa, La Habana e Isla de la Juventud. También mencionó que un envío aéreo de 45 toneladas destinado a Pinar del Río aún está en proceso de entrega. Todo se presenta como gestión eficiente. Sin embargo, la pregunta incómoda persiste: ¿cómo puede un gobierno que controla cada hectárea de tierra cultivable, cada empresa mayorista y cada puerto, depender sistemáticamente de cargamentos extranjeros para garantizar lo más básico?

Estos recursos, afirmó la ministra, llegan “en momentos bien complejos” y forman parte de las alternativas para enfrentar los efectos del bloqueo. Sin embargo, la escena es elocuente.

Barcos extranjeros atracan con comida para paliar una escasez estructural que no comenzó ayer ni se explica solo por sanciones externas. La ayuda humanitaria siempre es bienvenida para el pueblo, pero cada tonelada descargada en el muelle de La Habana también es un recordatorio incómodo del fracaso productivo de un sistema que prometió autosuficiencia y terminó administrando carencias.

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