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Cuenta la leyenda que un gran señor llamado Naymlap llegó desde el mar en una flota de balsas de madera, trayendo consigo una corte de músicos, cocineros y artesanos para fundar la civilización lambayeque.
Según los relatos antiguos recogidos por los cronistas, Naymlap traía una imagen de piedra verde llamada Yampallec, que dio nombre a la región. No era solo un conquistador, sino un portador de cultura que enseñó a la gente el arte de la orfebrería y la construcción de grandes pirámides de barro.
Tras su muerte, para mantener la creencia en su divinidad, sus allegados dijeron que a Naymlap le habían crecido alas y que había volado hacia el cielo.
Este mito fundacional sirvió para legitimar a una dinastía que transformó la costa norte de Perú en un centro de innovación tecnológica, especialmente en el trabajo del oro y la plata. El famoso Tumi, el cuchillo ceremonial de oro, a menudo representa la figura de este rey alado que descendió de las aguas para traer orden.
Naymlap representa el arquetipo del héroe civilizador que aparece en tantas culturas del mundo, un recordatorio de que detrás de cada gran nación suele haber una historia de migración y genio creativo. ¿Crees que estas leyendas tienen una base de realidad histórica o son pura fantasía?