Newsletter Subscribe
Enter your email address below and subscribe to our newsletter

Vancouver.- Marco Rubio podría aplicar a Cuba la misma táctica financiera usada en Venezuela, pero enfocada en el turismo. En Venezuela actualmente, después de la captura de Nicolás Maduro, Estados Unidos permite que el petróleo se venda, pero controla cómo se administra el dinero que producen esas ventas.
Washington ha establecido que los ingresos derivados del crudo se depositen en cuentas supervisadas por el Departamento del Tesoro y que esos fondos solo se liberen bajo condiciones determinadas. El producto sigue saliendo al mercado, pero el efectivo no se mueve libremente.
El control no se ejerce sobre el barril físico, sino sobre el flujo financiero. Solo compañías autorizadas pueden comerciar petróleo venezolano, y los pagos deben pasar por mecanismos regulados por Estados Unidos antes de llegar a cuentas vinculadas a la dictadura. Ese esquema obliga a aceptar condiciones si se quiere acceder a los ingresos. El poder no está en bloquear la producción, sino en administrar la liquidez.
Esa misma lógica puede trasladarse a Cuba con el turismo. En la isla, la principal fuente de divisas proviene de visitantes extranjeros. Hoteles, paquetes todo incluido, excursiones y rentas de autos generan moneda fuerte que la dictadura necesita.
La mayoría de los turistas pagan usando tarjetas de Visa, Mastercard o plataformas como PayPal, todas empresas estadounidenses. Las reservas se hacen en Booking.com, Expedia y muchas otras empresas americanas. La promoción digital depende de Google. Cada pago pasa por redes financieras bajo jurisdicción estadounidense.
Aplicar la misma estrategia significaría condicionar el procesamiento de todas las transacciones turísticas hacia Cuba. No se trataría de prohibir viajar, sino de exigir que cualquier pago relacionado con hospedaje o servicios turísticos en la isla solo pueda procesarse bajo licencias específicas o mecanismos de supervisión definidos por el Departamento del Tesoro. Sin autorización, la transacción simplemente no se completa dentro del sistema bancario internacional.
A diferencia del petróleo, el turismo no puede ocultarse en rutas marítimas paralelas. Cada reserva deja un rastro digital. Cada pago con tarjeta atraviesa cámaras de compensación y bancos corresponsales. No se necesitan embarcaciones ni interdicciones navales. Se necesita control regulatorio sobre las pasarelas de pago.
Si todos los ingresos turísticos quedaran condicionados de esta forma, el impacto sería inmediato sobre la liquidez de la dictadura cubana. Sin acceso pleno a esas divisas, su capacidad operativa se reduciría. La presión no sería militar ni comercial clásica. Sería financiera.
En el sistema global actual, quien controla la red de pagos controla el flujo de dinero. Quien controla el flujo de dinero, condiciona la política.