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Las heridas abiertas de la sanidad cubana por décadas de abandono

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Por Anette Espinosa ()

La Habana.- El ministro de Salud Pública de Cuba, José Ángel Portal Miranda, ha encendido todas las alarmas al confirmar lo que ya era un secreto a voces en los pasillos de los hospitales de la isla: el sistema sanitario, otrora estandarte de la Revolución y motivo de orgullo nacional, está realizando un triaje cruel con su propia población.

El funcionario admitió en la red social X el «inevitable aplazamiento de intervenciones quirúrgicas» que afecta a «miles de pacientes, muchos de ellos en edad pediátrica». La pregunta que lanza el ministro al gobierno de Estados Unidos —»¿De qué derechos humanos hablan?»— resuena con fuerza en una nación donde el derecho a la vida se ha convertido en una odisea marcada por la escasez de energía y recursos .

La foto que ofrece el régimen es desoladora y está llena de matices que van más allá de la coyuntura. Según datos oficiales reproducidos por Granma, más de 32.880 embarazadas enfrentarán «riesgos adicionales» por la falta de combustible, lo que se traduce en una imposibilidad práctica de acceder a ultrasonidos para detectar malformaciones a tiempo.

A esto se suma un retraso en el esquema de vacunación infantil que pone en jaque a más de 61.830 menores de un año, además de niños con necesidades especiales que requieren ventilación domiciliaria o climatización y que ahora están en riesgo vital.

La atención primaria, pilar del sistema, se mantiene en pie como puede, pero es un muro de contención que empieza a mostrar grietas profundas ante la falta de transporte sanitario para emergencias y la carencia de insumos básicos.

Lo que omite el gobierno

Sin embargo, reducir este colapso a una mera consecuencia del bloqueo estadounidense, por muy criminal que sea su recrudecimiento con la orden ejecutiva de Donald Trump que impone aranceles a los países que suministren petróleo a la isla, sería una lectura miope de la realidad. El gobierno cubano ha basado su relato en el «bloqueo energético» de Washington, pero omite mencionar que la infraestructura hospitalaria cubana sufre de una anemia crónica por falta de inversiones que viene de décadas.

No es solo que Falcón o Trump no envíen combustible; es que durante años no se ha renovado una tecnología médica obsoleta, no se han producido los mantenimientos necesarios en las plantas de oxígeno y se ha desmantelado parte de la industria biofarmacéutica local por una gestión económica centralizada y errátic .

El discurso oficial insiste en que «la salud del pueblo sigue siendo una prioridad», pero las evidencias apuntan a que las prioridades del Estado han estado en otras partes. Mientras los hospitales se caen a pedazos y faltan jeringuillas, el régimen ha sostenido durante años una estructura empresarial ineficiente y ha destinado ingentes recursos a sostener acuerdos internacionales que, como denunció recientemente la Agencia France-Presse, han desviado a 24.000 médicos cubanos hacia el extranjero en busca de divisas, descapitalizando aún más la sanidad doméstica.

Solo ayudas puntuales

La crisis actual no nació el 29 de enero; es el resultado de la suma letal de un bloqueo externo inhumano y de un modelo económico interno que ha demostrado ser incapaz de generar la riqueza y la eficiencia necesarias para mantener su principal conquista social.

Mientras el canciller Bruno Rodríguez promete «asimilar la arremetida con equidad» y el gobierno implementa «medidas organizativas» que no son más que eufemismos para racionar la salud, la población se enfrenta a una realidad binaria: o el Estado cubano asume de una vez que debe hacer una autocrítica profunda y reformar su modelo para atraer inversión y generar recursos, o seguirá usando el bloqueo como un escudo que, con el paso de los años, se ha convertido también en una trampa.

La comunidad internacional observa, algunos países como México, China o Rusia envían ayudas puntuales, pero ni la solidaridad ni los barcos con comida serán suficientes si no se desmontan las políticas erradas que, en paralelo al cerco de Washington, han llevado a que hoy un niño cubano no tenga asegurada una cirugía o una vacuna a tiempo.

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