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Por Oscar Durán
Matanzas.- La profesora Alina Bárbara López Hernández fue detenida este 18, cuando salía a ejercer su derecho a la protesta pacífica. No estamos hablando de una delincuente, ni de una persona violenta. Estamos hablando de una intelectual cubana que, desde hace tiempo, decidió plantarse con un cartel en la mano para exigir lo que debería ser normal en cualquier país: respeto a los derechos ciudadanos. Pero Cuba no es cualquier país. Y en Cuba, protestar sigue siendo pecado capital.
Según confirmó su hija en un mensaje público, Alina Bárbara López Hernández y el activista Leonardo Romero Negrín se encuentran detenidos en la estación de la PNR de Playa, en Matanzas. La policía, como ya es costumbre, se negó a ofrecer información por vía telefónica. Otra violación más. Otra raya más al tigre. Porque cuando las autoridades ocultan el paradero de un detenido o se niegan a informar a la familia, están pisoteando la Constitución que dicen defender. Así funciona esto: la ley es un adorno, útil solo cuando conviene al poder.
La hija de Alina también denunció que se le pretende instruir de cargos, es decir, fabricar un delito. Además, dijo que estando en la estación, le comunicaron que no era necesaria la presencia de la abogada de su madre. ¿Desde cuándo en Cuba un ciudadano detenido no tiene derecho a representación legal? ¿En qué manual jurídico cabe semejante disparate? Pero claro, hablamos de un país donde los procedimientos legales son flexibles cuando el acusado piensa diferente. Hoy es Alina. Ayer fueron otros. Mañana puede ser cualquiera que se atreva a disentir.
La preocupación por la integridad física de ambos detenidos no es paranoia. Es experiencia acumulada. En un sistema donde sobran los testimonios de malos tratos, amenazas y presiones, la familia tiene todo el derecho del mundo a temer. “Si le sucede algo a mi mamá o tiene un rasguño, esto será hasta las últimas consecuencias”, escribió su hija. Y no es una frase lanzada al aire. Es el grito desesperado de quien sabe que, dentro de una estación policial cubana, todo puede pasar y casi nada se investiga.
Lo que está ocurriendo con Alina Bárbara López Hernández no es un hecho aislado. Es la confirmación de un patrón: el castigo sistemático a quien ejerce derechos básicos. Por eso el llamado es claro: no dejar de denunciar.
El silencio es el mejor aliado del abuso. Y mientras en Cuba detener a una profesora por protestar siga siendo rutina, hablar de Estado de Derecho será apenas una broma de mal gusto.