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Por Ulises Toirac ()

La Habana.- Solo muy esporádicamente escucho algún auto pasar por la calle. Muy de cuando en vez. El litro de gasolina anda por los tres mil pesos y los boteros, que esa es su pincha, te cobran un ojo por brincarte de municipio. Y no es pa menos.

Hay una lasitud de ausencia. La calle es una soledad adornada por montañas de basura. Nada parece funcionar de día o de noche. Y ves alguna gente abandonar la lucha y tirarse al borde de la acera.

Me cuesta un huevo y la yema del otro hacer chistes. Aceptarlos en mi cabeza, que siempre funciona para intentar sacarlos de los vericuetos de la realidad.

No es una situación coyuntural o salida de la nada porque el gobierno americano imponga mayores restricciones. Hombre… claro que le pone la tapa al pomo, ahoga lo que venía siendo (y aquí es donde se resquebraja la leyenda) un hilito de suministro que a bajo precio veníamos trayendo porque los dineros, los mercados, los financistas (o acreedores) no daban para más. En medio de una super insuficiente producción que se hacía más precaria por mil razones entre las que destaca precisamente el desabastecimiento eléctrico. Círculo vicioso en barrena.

Y la toma de decisiones se limita a capear el temporal. A sobrevivir el día. Cero decisiones emergentes para mediano o largo plazo. Es como ver desangrarse y no movilizarse para evitarlo.

Y créalo o no, es una decisión. No hacer es postura. Si te mueves, hay la decisión de moverte. Si no haces nada, no es que no haya decisión, es que la decisión es no hacerlo.

Y el peso en lo profundo de la fosa de Bartlet, con movimiento en dirección a China, indetenible. Lo cual implica mas miseria para los que ya lo eran, más gente entrando a la situación desesperada de no poder salvar el día. Los problemas no se solucionan con consignas. La vida está en juego y se corre el riesgo de no poder terminar de decirla.

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