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Walker Buehler cruza la línea: del azul de los Dodgers al marrón de los Padres

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Por Robert Prat ()

Miami.- El uniforme le queda distinto, pero el brazo es el mismo. Walker Buehler se puso este martes los colores marrón y dorado de los San Diego Padres, y con ese gesto cerró un capítulo de una década con los Dodgers de Los Ángeles, sus archirrivales de toda la vida. Lo hizo con un contrato de ligas menores que incluye una invitación al campamento de Grandes Ligas, consciente de que el béisbol, como la vida, a veces te empuja a cruzar líneas que jamás imaginaste.

«Sí, se siente un poco raro», confesó Buehler desde Arizona. «Me imagino que hace cinco años se habría sentido mucho más raro, pero este es un juego loco y esta es una gran oportunidad para mí».

Buehler, de 31 años, llega a San Diego después de una temporada 2025 que lo llevó de Boston a Filadelfia, y de la incertidumbre a la esperanza. Su paso por los Red Sox fue irregular, pero el breve interludio con los Phillies encendió de nuevo las alarmas del talento que fue. «Lancé bien la pelota allí, y recuperar la velocidad y el lanzamiento ha sido fundamental», explicó.

De verdugo de Padres a buscar un puesto en San Diego

«La segunda mitad del año pasado fue relativamente exitosa en comparación con la primera, y hay aspectos que queremos seguir desarrollando». Para un pitcher que se perdió toda la temporada 2023 y gran parte de 2024 recuperándose de su segunda cirugía Tommy John, cualquier rayo de luz es bienvenido.

La historia de Buehler con los Dodgers es la de un pilar, un tipo que cuando estaba sano se vestía de as. Dos veces seleccionado al Juego de Estrellas, dos veces campeón de la Serie Mundial. Su actuación en el Clásico de Otoño de 2024 fue de antología: ganador del tercer juego y cerrador improvisado en el quinto, ese que selló la victoria 7-6 sobre los Yankees en el Bronx. Fue su último acto con la camiseta azul. Una salida por la puerta grande, aunque la puerta fuera la de la agencia libre. Los Dodgers lo dejaron ir, y Buehler emprendió un viaje que hoy lo deposita en el sur de California, pero del otro lado de la trinchera.

Contra los Padres, curiosamente, Buehler ha sido una pesadilla. Su récord de por vida frente a ellos es escalofriante: 7-1, efectividad de 1.67, 83 ponches en 13 aperturas. Esa estadística, sin embargo, es pasado. Lo que importa ahora es su presente y lo que puede aportar a una rotación que ya cuenta con Nick Pivetta, Joe Musgrove y Michael King. Buehler peleará por los dos puestos restantes con Randy Vásquez, JP Sears, Germán Márquez y Griffin Canning. «Soy abridor y quiero serlo, así que estoy aquí para intentar entrar en la rotación», sentenció con la seguridad de quien sabe que su lugar, cuando el brazo responde, es arriba.

Un codo y un cuerpo dañados

El movimiento de los Padres no es aislado. El gerente general A.J. Preller ha despertado de un letargo invernal y en cuestión de días ha firmado a Nick Castellanos, Canning, Márquez y Miguel Andújar, además de asegurar su propia continuidad con una extensión de contrato. Es un mensaje claro: San Diego quiere competir ya.

Y Buehler, que pasó el invierno en el Oeste afinando su físico y su mecánica, se siente parte de ese proyecto. «Obviamente, tengo cierta familiaridad con la división, y vivir en el sur de California es algo a lo que mi familia y yo estamos acostumbrados», dijo. «Una buena oportunidad para formar parte de un equipo con mucho talento. Tengo muchas ganas de ver qué podemos hacer».

Detrás de las palabras, late la historia de un pitcher que ha sobrevivido a dos cirugías de codo, a meses de rehabilitación, a la duda y al olvido momentáneo. «Mi codo y mi cuerpo han pasado por algunas cosas», resume con la economía de palabras de quien ha vivido mucho. Ahora, con el uniforme marrón puesto, Buehler no busca revancha contra los Dodgers, aunque sería un subproducto delicioso. Busca algo más sencillo y más complejo a la vez: demostrar que el que fue, puede volver a ser. Y si lo consigue, habrá valido la pena sentirse raro durante un rato.

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