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Silencio oficial ante el brote de Hepatitis que golpea a Ciego de Ávila

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Por Anette Espinosa ()

La Habana.- La crisis no llega con estruendo, sino con el silencio opaco de lo que no se nombra. Mientras en los grupos de WhatsApp de las escuelas de Ciego de Ávila circula un frío formulario virtual —pidiendo nombres, apellidos, la cifra concreta del dolor—, los medios oficiales cubanos mantienen un mutismo que grita. Es en ese vacío de información donde crece el miedo, y donde una amenaza sanitaria, evitable y vinculada a la miseria, se expande entre los más pequeños.

Las fuentes médicas y los testimonios que llegan desde el territorio no dejan lugar a la ambigüedad: hay un brote activo de hepatitis, y tiene en la población infantil su blanco más vulnerable. La alarma ha tomado tal dimensión que en el poblado de Maidique se evalúa, con la gravedad que la palabra conlleva, decretar una cuarentena. Esta medida, lejos de ser un protocolo burocrático, es el reflejo de una comunidad sitiada por una enfermedad que encuentra su caldo de cultivo perfecto en el abandono.

Porque este no es un virus llegado del azar. Los especialistas consultados apuntan, con una claridad que duele, a la causa raíz: la falta de higiene y las condiciones ambientales deplorables. Aunque se mencionan labores de limpieza, la realidad que describen es la de calles y espacios públicos convertidos en basureros. La acumulación de desechos no es solo un problema estético; es un vector, un facilitador que convierte el entorno cotidiano en un campo minado para la salud de los niños.

Solo el susurro en los chats

Frente a este escenario, la respuesta del Estado cubano se materializa en una ausencia. No hay comunicados, no hay campañas de prevención, no hay esa pedagogía de urgencia que debería inundar la televisión y la radio estatales. Solo existe el rumor confirmado en los pasillos de los centros de salud, el susurro preocupado de las madres y el frío registro digital en los chats. Este silencio oficial no es neutral; es una política. Una política que prioriza la imagen de control sobre el derecho a la información y a la protección.

La historia se repite con un guion tristemente conocido: la emergencia sanitaria gestionada entre sombras, mientras la población intenta llenar con herramientas precarias el vacío que deja la opacidad. La solicitud de datos personales a través de aplicaciones de mensajería, lejos de ser una solución, evidencia la desesperación y la falta de un protocolo transparente y centralizado.

Este brote en Ciego de Ávila es más que una noticia de salud. Es un síntoma. Un recordatorio brutal de cómo la crisis de infraestructuras, la pobreza y el hermetismo institucional se conjugan para poner en peligro lo más preciado. Mientras las autoridades callan, la hepatitis avanza. Y con ella, la pregunta que queda flotando en el aire cargado de preocupación: ¿a cuántos niños tendrá que alcanzar la enfermedad antes de que el silencio se rompa?

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