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Por Joel Fonte ()
La Habana.- «Joe, yo habito en un tercer lugar, que es el retorno… Es una sensación tan desagradable no sentirte parte del lugar en el que estás y, al propio tiempo, haber dejado atrás el tuyo: lejos de tus padres, de tu casa, de tus amigos. Regalé mis cosas, desde mis libros hasta mi pintura de uñas, todos mis recuerdos… y aquí me siento sin identidad. El desarraigo es algo terrible. Solo me queda un tercer lugar en el que habito, que es el retorno a ese país que no es y quiero que sea».
Estas palabras, recibidas hace unos minutos de una de esas personas que llevan en el pecho la inmensidad del mar, contienen la hondura definitiva del sentimiento de millones de cubanos. Como un nuevo éxodo hebreo, huyen y habitan por el mundo en una estampida pánica que no apaga su sed. Sentí la necesidad urgente de compartirlas.
Denunciar las injusticias, los crímenes y la maldad de un régimen brutal contra nuestra nación es el objetivo. Pero, ¿no es el exilio forzado una de las mayores tragedias infligidas al pueblo cubano bajo la bota castrista? ¿Sabremos alguna vez cuántos cuerpos se apagaron en el Estrecho de la Florida, en el Golfo de México o en el Mar Caribe, nadando hacia una libertad que, como un sueño, se ahogó con ellos?
¿Cuántas cubanas y cubanos apagaron sus vidas al intentar cruzar selvas y ríos de Centroamérica, de México, de Sudamérica, incluso de Rusia? ¿Cuántos secuestros, violaciones, estafas y vidas truncadas? Conocemos el sufrimiento silencioso en que agonizan esas millones de almas que respiran otro aire, lejos de una patria que no eligieron dejar.
Esta tragedia interminable llegará a su fin. Y en la hora del recuento, el mejor tributo a los que tanto perdieron será ese «retorno» que se lee con angustia. Un retorno al país que nunca nuestros abuelos debieron dejar que les arrebataran, que nuestros padres no supieron rescatar y por el que nosotros debemos darlo todo para recuperarlo.
«Todo» significa, en primer lugar, levantar la frente y perder el miedo, porque la dignidad es lo que nos hace humanos. Serán millones de manos las que volverán a nuestro suelo para emprender la reconstrucción de Cuba. Serán millones los abrazos, y el llanto, por fin, cesará.
NO MÁS DICTADURA EN CUBA.