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¿Habrá Volverán II?

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Por Oscar Durán

La Habana.- La dictadura cubana no tiene dinero y eso ya no es un secreto ni siquiera para sus propios feligreses. Está sumida en una crisis profunda, estructural, sin maquillaje posible, y por eso ya no puede darse el lujo de repetir viejas campañas épicas que antes le funcionaban como anestesia colectiva.

Al pueblo no lo pueden convocar como antes, porque el pueblo está cansado, roto y descreído. Pero si por el régimen fuera, hace rato habría lanzado una nueva cruzada emocional, una especie de Volverán II, para intentar llevar a Venezuela a Nicolás Maduro y Cilia Flores.

Cuba no tiene con qué sostener ese matrimonio político, ni petróleo subsidiado, ni créditos blandos, ni cheques solidarios. Por eso no hay épica, no hay carteles, no hay consignas, no hay multitudes organizadas gritando consignas prefabricadas. El castrismo ya no puede pagar el teatro, y cuando no hay dinero, la revolución se queda sin escenografía.

Muchos no recuerdan —o nunca supieron— la obscena cantidad de dinero que el régimen cubano gastó con el tema de los Cinco espías. Millones y millones de dólares invertidos en campañas internacionales, lobby político, propaganda, conciertos, giras, documentales y presión diplomática. Aquello no fue solidaridad: fue una inversión ideológica. El castrismo apostó todo por ese relato porque todavía tenía con qué pagar la factura y porque necesitaba héroes importados para sostener la mentira.

El contraste es brutal y duele. Cuando médicos cubanos fueron secuestrados en Kenia, la dictadura no puso un solo dólar sobre la mesa para rescatarlos. Ni uno. Silencio, burocracia y cálculo frío. Porque esos médicos no eran útiles como símbolo, no servían para una campaña, no generaban rédito político. Eran, como siempre, carne desechable del sistema, piezas reemplazables de una maquinaria que solo protege lo que puede vender como victoria.

Hoy el castrismo está desnudo. Sin dinero, sin pueblo, sin aliados fuertes y sin capacidad de movilización real. Sueña con repetir viejas campañas, pero ya no puede. La épica se acabó, la chequera también. Lo que queda es un régimen administrando ruinas, midiendo cada gesto, cada dólar y cada silencio. No habrá Volverán II, porque la revolución ya no tiene ni para volver… ni para fingir que todavía importa.

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