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Por Luis Alberto Ramirez ()
Miami.- En Cuba ya nada sorprende, pero igual indigna. Hacen un puente y lo inauguran con bombos y platillos como si hubieran descubierto la penicilina. Cualquier nimiedad la convierten en “logro de la revolución”, porque el problema no es construir, sino vender propaganda.
La realidad es tan miserable que necesitan inflar lo más pequeño para simular grandeza.
No es nuevo. Ahí está el recuerdo de Fidel Castro presentando en la televisión cubana una olla arrocera como si fuera una conquista histórica del socialismo. Lo cotidiano, lo normal en cualquier país, en Cuba se convierte en epopeya revolucionaria. Y todavía tienen el descaro de afirmar que “solo en el socialismo” se logran esas cosas.
Ahora el espectáculo se repite: el gobierno chino dona unas toneladas de arroz y el régimen arma un show nacional, como si eso fuera a resolver la crisis alimentaria que ellos mismos provocaron.
Cuarenta toneladas de arroz no sacan a un país del hambre, apenas alcanzan para la foto, el discurso y el aplauso forzado. Pero eso es lo que importa: la imagen, no la comida en la mesa del cubano.
Miren bien la foto que acompaña este post. Ahí está el posible sustituto de Miguel Díaz-Canel, presentando el donativo chino como “otro logro más de la revolución”. No producen, no resuelven, no alimentan… pero posan.
En Cuba no gobiernan para vivir mejor, gobiernan para actuar mejor frente a las cámaras. Y mientras tanto, el pueblo sigue haciendo colas, pasando hambre y escuchando cuentos.