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Por Albert Fonse ()
Ottawa.- Este es el top 10 de las bases militares más poderosas de la dictadura cubana, o lo que queda de ellas. A los que viven alrededor de estas unidades les aconsejo ir permutando. Aqui va el listado sin consignas ni épica oxidada:
La Base Aérea de San Antonio de los Baños, en La Habana, es el principal aeródromo militar del país y sede de la Brigada de Aviación Playa Girón. Concentra los pocos MiG-21 que aún despegan y la única batería antiaérea S-125 operativa, apoyada por pistas largas y radares que cubren el occidente. Sobre el papel es el corazón de la defensa aérea, en la práctica es una pieza de museo con pista de aterrizaje.
La Base Aérea de San Julián, en Pinar del Río, ocupa una posición estratégica por su cercanía a Estados Unidos y por sus pistas extensas construidas durante la Segunda Guerra Mundial. Alberga cazas MiG-23ML y hangares “reforzados” diseñados para “aguantar” ataques aéreos. Intentaría resistir un ataque moderno como quien defiende un castillo medieval frente a un dron.
La Base Aérea Frank País, en Holguín, es una instalación amplia y robusta levantada durante la Guerra Fría junto al aeropuerto civil. Dispone de búnkeres, unidades de apoyo táctico y helicópteros Mi-17 que le dan capacidad de respuesta en el oriente del país. Parece una base lista para responder, siempre que el ataque respete las reglas de hace cuarenta años.
La Base Aérea Abel Santamaría, en Santa Clara, debe su importancia a la ubicación central. Aloja el 11.º Regimiento de Cazas, cuenta con una pista de más de tres kilómetros y conserva hangares para MiG-21 y L-39. Resulta estratégica mientras la guerra no exija algo más rápido que un recuerdo soviético.
La Base Aérea Ignacio Agramonte, en Camagüey, refuerza el dispositivo del centro-oriente con pistas amplias y escuadrillas de caza que permiten cierta proyección regional. Su función es evitar vacíos defensivos y sostener la continuidad territorial. Ante tecnología actual pasaría de base defensiva a objetivo perfectamente localizado.
La Base Naval de Cienfuegos, en la Bahía de Jagua, sigue siendo el principal centro naval del país. Conserva muelles, astilleros y depósitos logísticos heredados de la época soviética, aunque hoy opere una flota reducida de patrulleras y corbetas. Mantiene el título de base naval más importante, aunque su mayor amenaza hoy sea el óxido y no una flota enemiga.
La Base Militar de Bejucal, cerca de La Habana, no destaca por misiles ni por aviones, sino por su papel en la inteligencia electrónica. Antigua estación soviética, hoy funciona como centro de escuchas y vigilancia estratégica, señalado por la presencia de estructuras de espionaje chinas con antenas, radomos y personal especializado dedicados a interceptar comunicaciones regionales. Este lugar, no lo salva ni el medico chino.
La Base Aérea Playa Baracoa, en la costa norte habanera, se especializa en helicópteros de transporte y apoyo logístico, incluidos Mi-8 y Mi-17. Su valor está es “traslado rápido” de tropas dentro del occidente. Su fortaleza es la movilidad, aunque con helicópteros que hacen más ruido que sorpresa.
La Base Aérea La Coloma, en Pinar del Río, cumple funciones de vigilancia costera y defensa naval con radares, hangares y patrulleras. Protege accesos marítimos sensibles y mantiene presencia cerca de rutas estratégicas. Confía la defensa costera a tecnología que envejeció sin jubilarse.
La Base Naval de Ceiba Hueca, en Santiago de Cuba, apoya a la infantería de marina y asegura el extremo oriental del país con depósitos, silos y artillería disponible. Su función es territorial y de control local más que ofensiva. Cuenta con control territorial, depósitos, artillería… y una logística que parece incluir cuatro pencos y tres mulas bien entrenadas.
El verdadero desafío no sería el poder de fuego cubano, sino tomarse en serio un armamento que pelea mejor contra el calendario que contra un enemigo moderno.