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Xavi Alonso es historia: la perplejidad y el cálculo detrás de su despido del Real Madrid

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Por Jorge Menéndez ()

Cabrils.- Madrid permanece perpleja ante la decisión de Florentino Pérez de destituir a Xavi Alonso precisamente ahora, tras un Clásico donde la imagen del equipo, si bien no fue brillante, distó mucho de ser catastrófica.

El club ha atravesado episodios con sensaciones peores esta temporada sin que se activara el cese. La decisión, por tanto, no responde a un partido aislado, sino a un diagnóstico más profundo y despiadado.

La realidad del Real Madrid es inexorable: toca ganar o ganar. Y aunque los números fríos de Alonso calcan los resultados del Barcelona de la pasada campaña en esta misma fecha, las sensaciones que transmitía el equipo con el talento disponible no eran buenas. El peso de la evidencia no recae en la tabla, sino en la percepción de un juego falto de alma y de una dinámica que se percibía estancada.

A favor del técnico cesado se puede argüir que su balance numérico no era malo, que la plaga de lesiones ha sido limitante y, sobre todo, que el equipo adolece de un problema estructural: el medio campo está descompensado.

Tras la era de Luka Modrić y Toni Kroos, el club no fue capaz —o no quiso— de dotarle de un centrocampista creativo que marcara el ritmo y leyera el pase final. El ahorro de 70 millones de euros por Martín Zubimendi, hoy pieza clave en el Arsenal, se revela ahora como una omisión estratégica de consecuencias tácticas.

La urgencia por ganar

Los que entienden de fútbol reconocen que, sin un cerebro en el centro del campo que dicte el tempo y desequilibre, es muy difícil imponerse a rivales de alto nivel. Florentino Pérez quiere ganar y estaba claro que la dinámica debía cambiarse. La responsabilidad recae ahora en Álvaro Arbeloa, un nombre sin currículum en el banquillo de élite, pero con buenos resultados en las categorías inferiores del club. Veremos si aguanta la presión.

Desde un punto de vista técnico, Xavi Alonso podría haber firmado su sentencia al renunciar a sus principios de presión alta y juego intenso. Ese desdén por sus propias ideas futbolísticas le restó autoridad ante la directiva e impidió que el equipo desarrollara automatismos sólidos a esta altura de la temporada.

Su adiós se basa, en última instancia, en esa sensación de falta de identidad y, en ocasiones, de timidez táctica —como la percibida ayer—, donde el equipo, a pesar de un planteamiento correcto, nunca fue capaz de tomar la iniciativa.

El futuro inmediato plantea más incógnitas que certezas. El club no fichará a nadie en el mercado de invierno, y queda por ver si Arbeloa apuesta por algún talento del Castilla. La apuesta es un salto al vacío calculado: se sacrifica un proceso a medio construir por la imperiosa necesidad de cambiar las sensaciones.

En el Madrid, a veces, la fe en un proyecto cede ante la urgencia de recuperar un aura. La era Alonso ha terminado; comienza el experimento Arbeloa.

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