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Por René Fidel González García ()
Santiago de Cuba.- Apostillando al Presidente de la República: es precisamente a nosotros, los ciudadanos, a los que nos sobra autoridad moral para proclamar ambas y para aborrecer y despreciar a quienes no la niegan o ponen en peligro.
No hay dilema, ni elección posible por una de ellas con menoscabo de la otra. Lo queremos todo. Lo que nos merecemos para la plenitud y la dignidad en Cuba. Tales son las claves de la profecía de conquistar la justicia toda.
Ningún cubano tiene que conformarse con menos que el programa político martiano hasta ahora pospuesto: democracia y soberanía plenas para todos los cubanos.
Que los derechos y las libertades sean de una vez y para siempre los atributos de la igualdad política; que ninguna casta parásita se proclame intocable y se eternice, venal y mediocre, en el ejercicio del poder; que ningún cubano tenga que andar buscando por el mundo el decoro y el respeto que debió obtener en su tierra.
Que nadie nunca nos pueda mirar con desdén y tratarnos como vasallos en nuestra Patria, ni se valga de lamebotas fascinados por el poderío extranjero, para lograr sus intereses o ningunear nuestra dignidad y esfuerzos para conseguir la felicidad.
No se necesita más en Cuba.
Cuba para los cubanos. Ningún cubano nunca más excluido por pensar diferente políticamente, ningún cubano nunca más vigilado o perseguido por motivos políticos, ningún cubano nunca más odiado y vejado con impunidad.
Este es el adir, nuestro adir, el que es posible proclamar sin vergüenza.
Ahí están los otros: los que sin poder lo desean todo para hacer lo mismo que nos ha dañado como sociedad y hundirnos en el sueño de la venganza que le nació a su cobardía y venalidad; los que apenas disimulan el servilismo. Listos están para callar a sus hermanos, para imponernos como debemos pensar, para perseguirnos otra vez y con esa vileza largamente fermentada a través del tiempo. Dicen que creen en lo mismo que nosotros pero no es verdad.
Democracia y Soberanía plenas.