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La urgencia detrás del discurso de La Habana

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Por Albert Fonse ()

Ottawa.- Bruno Rodríguez Parrilla declaró que la dictadura cubana no va a ceder ante presiones externas, que se defenderá frente a amenazas y chantajes y que actúa respaldada por el derecho internacional. Ese fue el mensaje. Frío, calculado y lanzado como señal de activación de una maquinaria internacional que el régimen cubano lleva décadas utilizando.

Cuando la dictadura cubana habla de derecho internacional no apela a principios abstractos. Se refiere a los espacios que ha penetrado y donde históricamente ha operado con ventaja, organismos multilaterales como la Organización de las Naciones Unidas y otros foros diseñados para bloquear, dilatar y enredar cualquier decisión que amenace al poder real. Ese ha sido siempre su terreno natural.

A esto se suma su red exterior. Cientos de embajadas, consulados y misiones diplomáticas repartidas por el mundo funcionan como nodos de influencia política conectados con partidos, sindicatos y organizaciones de izquierda que se activan automáticamente cuando La Habana da la línea. Las palabras de Bruno no explican una posición, ponen en marcha ese engranaje.

El problema para la dictadura cubana es que chocó con una pared: Donald Trump, respaldado por Marco Rubio, que conoce a la dictadura cubana en profundidad y actúa con la cabeza fría del estratega y con el corazón del exiliado que sabe exactamente cómo opera ese régimen.

Ese binomio altera por completo el tablero porque Trump no concede valor alguno al ecosistema burocrático internacional donde el régimen cubano suele maniobrar y ganar tiempo, y para rematar la escena, hace apenas unos días decidió sacar a Estados Unidos de más de sesenta de esas organizaciones y foros, dejándolos a ellos debatiendo, votando y firmando resoluciones entre sí, como si todavía tuvieran a alguien importante a quien convencer.

Por eso el discurso de Bruno no transmite fortaleza. Transmite urgencia. Es la reacción de un régimen que activó todo lo que sabe hacer afuera justo cuando empieza a darse cuenta de que, esta vez, el libreto tradicional puede haber dejado de funcionar.

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