Enter your email address below and subscribe to our newsletter

Agentes de represión, no mercenarios: la peligrosa imprecisión del lenguaje

Comparte esta noticia

Por Albert Fonse ()

Ottawa.- No estoy de acuerdo con que se llame mercenarios a los cubanos muertos en Venezuela. Ese término no solo es impreciso, sino que también suaviza una realidad mucho más grave. Llamarlos mercenarios los reduce a simples individuos que actuaron por dinero y los coloca al mismo nivel que los cubanos reclutados para la invasión rusa, cuyo único interés es económico. No es lo mismo.

Los esbirros enviados a Venezuela no eran civiles armados ni personas sin trayectoria. Eran militares de carrera, formados durante años dentro del aparato represivo de la dictadura cubana. Personas entrenadas para vigilar, infiltrar, controlar, intimidar y aplastar cualquier forma de disidencia. Su función nunca fue neutral ni defensiva. Su razón de existir fue siempre la represión.

Un mercenario actúa por beneficio personal. Estos no. Estos obedecían a una estructura totalitaria y operaban como extensión directa del poder de La Habana. Respondían a órdenes políticas, no a contratos. No estaban en Venezuela para “luchar”, sino para sostener un régimen autoritario y garantizar su permanencia mediante el miedo.

Peores que mercenarios

Su historial lo confirma. Participaron en labores de inteligencia política, contrainteligencia, control interno de fuerzas armadas, vigilancia social, adoctrinamiento y asesoría directa en métodos represivos. No eran observadores ni técnicos aislados. Eran parte activa de un sistema diseñado para neutralizar al pueblo venezolano.

Por eso son peores que mercenarios. El mercenario busca dinero y puede marcharse. Estos eran piezas de un engranaje ideológico y militar que no permite neutralidad ni desobediencia. Actuaban como arma de control de la dictadura cubana exportada a otro país, usando el mismo manual que ha mantenido a Cuba sometida durante más de seis décadas.

Llamarlos mercenarios no solo es incorrecto, sino que es peligroso. Borra responsabilidades, diluye la gravedad de sus actos y oculta el carácter estructural del crimen. No fueron víctimas ni figuras grises. Fueron instrumentos conscientes de un sistema represivo que ha causado dolor, exilio, cárceles y muerte.

Nombrar correctamente las cosas importa. Porque cuando se maquilla el lenguaje, se maquilla la verdad. Yo me alegro de que los hayan eliminado a todos y deseo que los que queden en la tierra de Bolívar tengan el mismo final.

Deja un comentario