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Por Jorge Sotero
La Habana.- Vicente de la O Levy, el ministro del apagón, dijo, sin rubor alguno y con la misma cara de cemento que usan todos los funcionarios de la dictadura, que Cuba alcanzaría al menos un minuto de generación eléctrica sin depender de combustible importado en algún momento de 2026. ¿Lo recuerdan?
Un minuto. Después, según su fantasía, vendría una hora, y luego más tiempo. Esa joya la soltó en televisión nacional, y como siempre, lo dijo con un optimismo ofensivo, de espaldas a un país que ya entonces vivía a oscuras, cocinando con leña y durmiendo bañado en sudor y mosquitos.
El 2026 está a la vuelta de la esquina y lo único que se ha expandido no es la generación eléctrica, sino el descaro. No habrá un minuto, no habrá una hora y no habrá absolutamente nada que se parezca a independencia energética. Lo que sí hay son apagones de 10, 12 y hasta 18 horas, termoeléctricas parchadas con alambre, parques fotovoltaicos que aportan una bobería simbólica y un pueblo cansado de escuchar la misma muela reciclada una y otra vez.
La promesa del “minuto histórico” no fue un error de cálculo ni una mala interpretación. Fue una mentira más, dicha con total conciencia, para ganar tiempo, para estirar la cuerda, para seguir gobernando desde la improvisación y el engaño. Porque si algo ha demostrado este régimen es que no planifica, no cumple y no rinde cuentas. Aquí nadie sale a decir: “nos equivocamos”, “no pudimos”, “fallamos”. Aquí se pasa la página y se lanza la próxima promesa absurda.
Mientras de la O Levy habla de avances graduales, el país retrocede décadas. La gente perdió electrodomésticos, alimentos, calidad de vida y salud mental. Los hospitales funcionan a medias, los ancianos se asfixian en edificios sin ascensor y los niños hacen tareas alumbrados con linternas. Pero eso no sale en la Mesa Redonda. Ahí solo salen powerpoints mal hechos y consignas vacías sobre un futuro que nunca llega.
Este disparate energético resume a la perfección el modelo cubano: prometer lo imposible, incumplir lo anunciado y resistir a costa del sufrimiento ajeno. El minuto sin combustible importado quedará archivado junto a la libreta abundante, la prosperidad socialista y el “vamos bien”. Otra mentira más para la colección, mientras el país sigue apagado y la dictadura, como siempre, sigue encendida.