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Por Lara Crofs
La Habana.- La tiranía cubana, instaurada desde 1959 tras el derrocamiento de Batista, surge de un sistema autoritario liderado por figuras como Fidel Castro, que perpetuaron la opresión mediante control estatal y represión, no por culpa de generaciones específicas.
La dictadura de Batista marcada por corrupción rampante y vínculos con el crimen organizado, impulsó la revolución como respuesta a desigualdades económicas y falta de democracia. La generación de nuestros padres, por ejemplo, estuvo manipulada por propaganda revolucionaria, y la promesa de una sociedad justa con derechos para todos. Ya sabemos el resultado de todo eso.
Mi generación heredó un régimen fallido sin elección propia, como se evidencia en el éxodo masivo de más de 2 millones desde 1959, víctimas de políticas centralizadas que priorizaron el poder sobre el pueblo .
El daño antropológico, como la pérdida del “compás ético” y la doble moral inducida por el hambre y la vigilancia constante, es una consecuencia directa del comunismo implantado, no su origen. Bajo Castro, programas educativos marxistas-leninistas adoctrinaron a la sociedad, erosionando valores individuales y fomentando desconfianza interpersonal.
Este “daño invisible” se agravó por 66 años de control estatal, donde la pobreza y la represión crearon una cultura de supervivencia forzada, pero el régimen lo usó para justificar su permanencia, ignorando que es efecto de sus propias políticas fallidas .
Culpar a generaciones o al daño antropológico distrae de la responsabilidad del régimen, que ha mantenido el poder mediante negación de libertades y mentiras sobre la pobreza, como el mito de erradicar desigualdades mientras el 89% vive en la miseria.
El 11J del 2021 se mostró que la unidad generacional puede desafiar la tiranía en lugar de perpetuar divisiones. Los que salimos a la calle éramos pueblo no generaciones, ese día y a voz populi Cuba grito por varias horas quién era el único responsable de su declive social.
Por ende no deje que más nadie lo venga a dividir con justificaciones banales acerca de culpabilidades que no existen. El pueblo cubano es víctima, no victimario de su estado actual.
El daño es claro que existe y ahí está su reflejo, pero no puede ser la excusa para extirpar la esperanza de una Cuba libre, donde los únicos responsables son y serán los 66 años de tiranías y todos sus actores.