Enter your email address below and subscribe to our newsletter

¿Qué hace un director municipal de Comunales en su trabajo?

Comparte esta noticia

Por Yeison Derulo

La Habana.- En Cuba no hay combustible, no hay camiones, no hay obreros suficientes y no hay vergüenza institucional. La basura se acumula en cada esquina como si formara parte del paisaje urbano, como si fuera un nuevo símbolo patrio. La Habana Vieja, esa postal que el régimen vende al turismo, hiede a descomposición. Entonces uno se pregunta —con toda la mala intención del mundo— qué hace exactamente el director municipal de Comunales cuando llega a su oficina cada mañana, si es que llega. Porque recoger basura, claramente, no.

Imagino al funcionario sentado detrás de un buró desvencijado, con el ventilador apagado por falta de corriente, revisando papeles que no resuelven nada. Planes, informes, reuniones, más informes. Mucha “estrategia” y cero resultados. Su trabajo debe consistir en justificar el desastre: redactar explicaciones para sus superiores, culpar al bloqueo, al clima, a la indisciplina social y, si hace falta, hasta a los vecinos que sacan la basura porque no soportan vivir entre ratas y moscas. Resolver no resuelve nada; administrar la miseria, sí.

Mientras tanto, las montañas de desechos crecen y el hedor se mezcla con la resignación del cubano. No hay combustible, dicen. No hay personal, repiten. Pero sí hay directores, subdirectores, metodólogos y especialistas en no hacer absolutamente nada útil. El director de Comunales no camina su municipio, no pisa la podredumbre, no mete los pies en el fango. Su Cuba es la del aire acondicionado prestado y la reunión a puerta cerrada, no la del contenedor desbordado frente a una escuela.

Al final, su jornada laboral termina sin que una sola bolsa de basura haya sido recogida. Sale de la oficina con la conciencia tranquila, porque cumplió: firmó, orientó, explicó. Y La Habana Vieja sigue siendo un basurero a cielo abierto, como el resto del país. En Cuba, el problema no es solo la basura que no se recoge, sino los cargos que no sirven. Y ese director municipal es apenas otro engranaje oxidado de un sistema que convirtió la inmundicia en política de Estado.

Deja un comentario