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La canasta básica del descaro: migajas, atrasos y la burla mensual al pueblo

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Por Yeison Derulo

Camagüey.- Lo de la canasta familiar normada de diciembre en Camagüey no es una noticia: es una falta de respeto maquillada de anuncio oficial. Cada vez que estos burócratas salen a decir que “dispondrán de suministros muy demandados”, uno sabe que lo que viene es la misma historia de siempre: migajas disfrazadas de conquistas.

Que si ahora sí habrá aceite, que si el café llegará “en las cantidades establecidas”, como si la gente en este país no llevara meses estirando una cucharada de polvo para rendirlo cual si fuera oro molido. Venden normalidad donde sólo hay miseria administrada.

El show continúa con las ocho libras de arroz por persona, que llegarán “en los próximos días” desde La Habana y Santiago. Esa frase —“en los próximos días”— ya debería declararse patrimonio cultural del engaño.

La escuchamos desde que nacimos. Nos tratan como si fuéramos niños esperando juguetes el Día de Reyes: ilusionados y mansos. Pero aquí no hay juguetes; aquí lo que llega es arroz, si acaso, con olor a atraso y con la sospecha de que algún jefe ya cogió su parte antes de que lo carguen en los camiones.

Sobre el azúcar la historia no es mejor. Dicen que ya “cubrieron octubre”, que pueden entregar noviembre y que “de inmediato” pasará a la red minorista la cuota de diciembre. El vocabulario de la escasez siempre suena igual: repartir, cubrir, adelantar, completar. Lo que no dicen es que un país que un día presumió de ingenios ahora vive contando cucharadas de azúcar como quien administra medicamentos en terapia intensiva. Ni hablar de la sal, que viene con deudas desde octubre. Si esto no fuera Cuba, uno pensaría que es una broma.

Lo del chícharo ya es una tragicomedia aparte. “La inminente llegada por cabotaje” permitirá expender 20 onzas por persona, excepto en Vertientes y Santa Cruz del Sur, que recibirán la mitad. La mitad. Porque incluso en la miseria, este gobierno distribuye desigualdad. Te dan menos y encima te dicen que agradezcas, que ya después completarán “con existencias en almacenes”. Nadie sabe qué hay en esos almacenes; uno supone que telarañas, humedad y ratones con mejor alimentación que varios barrios.

Y para rematar, anuncian que la octava vuelta de compota solo se completó en Camagüey, Najasa y Jimaguayú. El resto que espere. Los niños, esos mismos que merecen lo mejor, siguen dependiendo de un país que ni siquiera puede garantizar una miserable compota en tiempo. Esa es la foto real: un sistema que vive celebrando la entrega de lo mínimo, mientras la gente hace malabares para sobrevivir. Esto no es una canasta familiar: es un recordatorio mensual de que seguimos atrapados en un modelo que no funciona y que, para colmo, exige aplausos.

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