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Cuba frente a su responsabilidad: la vida de un prisionero político en juego

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Por Hermes Entenza ()

Núremberg.- No puede ser. Un gobierno No puede abandonar a un joven prisionero político hasta el punto de dejarlo morir. Eso va contra el sentido común en cualquier ideología política. Va contra la ética, contra ese humanismo que tanto repiten las consignas del poder.

Cuando un ciudadano manifiesta su oposición al estado, no implica que pierda su derecho a la vida. El estado tiene que cuidarlo, sanarlo, atenderlo como un hijo.

Si en Cuba existieran hospitales privados, Yosvany Rossell García, que lleva 33 días en huelga de hambre, podría ser atendido en cualquiera de esos que existían en cada municipio; pero el gobierno intervino cada centro de atención a la salud, y con sus manos largas los hizo suyos. Ahora debe cargar con cada persona que se enferma, con cada ciudadano que padece peligro de muerte, sea por accidente, por desfilar el 26 de julio o por una huelga en contra de todo.

¿Los hospitales son controlados por el Estado? Pues, que este cargue con la responsabilidad de salvar a ese joven porque, si lo dejan morir, es un gobierno odiador y asesino.

No puede suceder, y los cubanos, donde quiera que estemos, no podemos ser testigos mudos de lo que desdichadamente se avecina. Ha sucedido varias veces; todavía llevamos cargando en nuestra mente el pesar de ver morir a una anciana alejada de su hijo que no pudo ni verlo en su agonía.

No podemos permitirlo. El gobierno cubano no puede tener las riendas de la vida y la muerte de sus ciudadanos. El pueblo es el poder.

Alcemos la voz, cubanos todos, porque si ese joven muere, vamos a cargar, todos, con la pesada cruz.

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