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Por P. Alberto Reyes ()
Evangelio: Juan 3, 13-17
Camagüey.- Tenemos asociado el signo de la cruz al sufrimiento, pero la cruz no se refiere a cualquier sufrimiento, sino al sufrimiento que salva, porque es ese el sentido de la cruz de Cristo.
La cruz en la que creemos no se queda en el dolor martirial del Señor, sino en la salvación que Jesús nos trajo a través de su sufrimiento.
Es salvífico el dolor que llega a nuestras vidas producto de la elección del bien. Muchas veces, para llegar a un bien, es necesario atravesar zonas de dolor, es necesario cargar alguna cruz.
Lleva cruz la familia, porque no siempre es fácil ser amable, cuidar, acompañar, proteger, escuchar…
Lleva cruz la amistad, porque no siempre es fácil estar cuando los amigos nos necesitan.
Lleva cruz la fidelidad al bien, porque no siempre es fácil servir, ser generoso, ayudar al que lo necesita, ofrecer nuestro escaso tiempo…
Lleva cruz la coherencia, porque no siempre es fácil decir la verdad, actuar con honestidad, elegir el camino correcto. Sabemos, por experiencia, que el mal puede ser más fácil, más rápido y más seductor, y cuesta elegir lograr las cosas desde el bien, cuando sabemos que el mal puede acortarnos el camino.
Lleva cruz la fidelidad a nuestros valores, a aquello en lo cual realmente creemos, cuando el ambiente que nos rodea no sólo desprecia y combate esos valores sino que nos acosa y excluye cuando los elegimos, porque se sienten desafiados.
Lleva cruz la aceptación del dolor que no podemos evitar: la enfermedad, la muerte de un ser querido, un revés económico, las consecuencias de un desastre… porque es más fácil quejarse, gritar contra otros o contra Dios, hundirse en la auto conmiseración y la auto lástima, que levantar la cabeza y buscar crecer y ser mejores desde ese dolor.
Hay situaciones que nunca quisiéramos tener que enfrentar, hay experiencias que nunca quisiéramos tener que pasar, pero son situaciones que están en el camino de la persona que queremos ser, están en el camino de los valores que queremos vivir, están en el camino del ideal al que Cristo nos invita.
Por eso, cuando aceptamos la cruz que es paso inevitable en la elección de un bien, convertimos ese dolor en fuente de salvación, y en este mundo de luz y de tinieblas, nos hacemos cada vez más parte de aquellos que van por este mundo siendo fuentes de luz.