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Si el asesino es trans, la prensa hablará poco de la masacre

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Por Carlos Carballido ()

La cobertura mediática sobre el tiroteo en una escuela católica de Minneapolis se apagó lentamente, como una vela barata que se consume en medio día.

Así ha sucedido con al menos diez tiroteos masivos anteriores, casi uno detrás de otro en diferentes lugares de EE.UU.

¿Pero cuál es el denominador común en este extraño patrón de los últimos eventos? Solo uno: los asesinos son, en su mayoría, miembros de la comunidad LGBT, identificados dentro de sus más de 72 géneros de la agenda woke (avalados en Medicinet), y una buena cantidad de ellos transgéneros.

Como esto contradice el relato progresista-liberal que se impone como política editorial en los grandes medios, la cobertura se apaga tan rápido como un “quinqué” sin luzbrillante.

Estamos viviendo en una sociedad enferma donde estos tiroteos están marcando un nuevo patrón y dando banderas rojas sobre la salud mental colectiva, sobre todo en las nuevas geneneraciones que se están volviendo cada vez más inadaptadas.

Los asesinos de antaño eran heterosexuales perturbados con odio hacia el sistema político o económico, según estudios de The Violence Projet. Solo uno desde 1966 a la primera decada del 2000 fue identificado como homosexual.

Los demócratas desvían el tiro a las armas

Los de hoy, en cambio, dejan en sus manifiestos el mismo odio que se fomenta en redes sociales contra la cristiandad, el judaísmo, el conservadurismo y las buenas costumbres que hicieron grande a nuestra civilización.

El autor del tiroteo en la escuela católica de Minneapolis escribió un manifiesto inconexo. Ni siquiera él pareció tener paciencia, como se refleja en uno de los dos videos publicados en YouTube.

Mensajes como “Matar a Trump”, “Israel debe caer”, “Ataque nuclear a la India” y otros fueron estampados en el arma homicida de este desalmado.

En uno de los cargadores del rifle se leía “¿Dónde está tu Dios?”, y en otro “Por los niños”. Con retrospectiva, ha quedado claro que cumplió parte de su “misión”, dejando los objetivos no alcanzados como tarea para esos estúpidos que en las redes promueven este tipo de ideas.

La prensa ha tratado de silenciar el hecho. Políticos demócratas desviaron el problema hacia las armas, como si un fusil por sí solo matara a alguien.

Mi dilecto colega Ulysses Pereira ha sido preclaro al describir moralmente este suceso : “Es repugnante la actitud de los políticos democratas ante este hecho. Acusan a la gente de no mostrar comprension a nuestra » comunidad trans». Y se manifiestan ferreos defensores de la susodicha comunidad. Ni una palabra sobre las víctimas. Ni siquiera porque son niños inocentes. De verdad que no merecen al aire que respiran”

Desde Obama las cosas han cambiado

Vivimos en una sociedad enferma que acepta ser atormentada tres meses por George Floyd o por cualquier tirador “macho”, pero aplica la corrección política cuando se trata de alguien que se rebana el pene y descarga su odio sobre inocentes.

Desde la administración Obama este tipo de ideologías se ha potenciado hasta llevarlas al plano político y normalizarlas a tal nivel que puedes ser cancelado si las criticas aun con argumentos científicos.

¿Y qué se puede esperar de una sociedad global que ofende al religioso menos al musulmán, que nos dice que hay 72 géneros, que abortar un feto es “lo correcto”, que los judíos son “la peste de la humanidad” y que hormonizar a tus hijos pequeños en “cuerpos equivocados” está bien?

La respuesta es: nada.

Mi consejo: si vas a la iglesia o al partido de fútbol de tus hijos, lleva tu arma aunque sea escondida. Deja la corrección a un lado: Esos degenerados, como los cobardes que son, solo buscan blancos fáciles. Hazlo y no seas parte de la estadística fatal. Puede que seas tú quien evite tanta sangre inocente derramada en vano.

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